martes, julio 04, 2017

José Luis Cuevas (1931-2017)

Murió José Luis Cuevas, uno de los artistas mexicanos más conocidos, de la plástica o de cualquier otra disciplina. Un artista que lo mismo provocaba amor que odio, debido a su ego, sus críticas, a su sobreactuación a la manera de Dalí o Warhol, o, en otra disciplina, a Muhammad Alí.

Lo veía de niño, en la tele, siempre fanfarroneando sobre el arte, sobre su persona. Más tarde lo vi de lejos en algunas de sus visitas a San Luis Potosí, pues era muy amigo de Raúl Gamboa Cantón, director del Instituto Potosino de Bellas Artes. Un personaje.

Estos días, todo —lecturas, ideas, imágenes— me conduce a reflexiones sobre salud mental. Una de las series de dibujos cuevarios más conocida es la que realizó en La Castañeda, el mítico manicomio. Buscaba motivos en calles sórdidas y en vecindades. Las miradas de sus grabados y tintas dan constancia de los miedos que nos rodean. Y cuentan que se tomaba una foto diaria para ver el paso del tiempo en su rostro. Fue precursor de las selfies. Quién sabe hasta que fecha cumpliría con el rito autoimpuesto.

"El güerito", le decían unos. "El gato macho", otros. Como Diego Rivera (a quien como estrategia se opuso Cuevas como integrante de la Generación de la Ruptura), escribio Emmanuel Carballo, Cuevas tenía tres características: "el amor irrestricto por la autopublicidad, el amor (terco como ala de mosca) por las mujeres y la manera mítica de encarar el mundo y la vida".
Una risa,
Como un aullido
Desde el fondo del tiempo
Desde el fondo del niño
Cada día
José Luis dibuja nuestra herida 
Octavio Paz
Tras la muerte de su esposa Bertha todo cambió. “Me parece como un cuento que una mente tan brillante sea tomada y secuestrada por una mente ínfima", acusó hace cuatro años su hija Ximena, tras diez de desencuentros. 

Nos deja sus dibujos —acaso de las artes más menospreciadas en este hoy que vivimos— su museo y su giganta. “El artista crea sus propios mitos, y el más importante de éstos es el mito de sí mismo”, dijo. Creo que lo logró.


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