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domingo, marzo 21, 2021
El cuerpo - Tomás Calvillo
And if the body does not do fully as much as the soul?
And if the body were not the soul, what is the soul?
Walt Whitman
De pronto nos descubrimos en la incógnita
que no tiene respuesta:
Es el cuerpo lo que tenemos;
su grandeza y miserias son la única realidad que al fin cuenta
¿Qué es el cuerpo?
¿Por qué sentimos que estamos atrapados
en sus posibilidades y límites?
¿Por qué buscamos apropiarnos del carácter de otros seres vivos?
¿Por qué aspiramos en algún momento a no desaparecer
con su carne huesos sangre?
¿Por qué hablamos de resurrección,
reencarnación, eternidad y demás temas afines
que pretenden liberarse de su condición mortal?
Todo el entorno social,
toda la historia, de una u otra manera,
gira en torno a sus necesidades y deseos.
Las mismas cuentas que multiplicamos,
sumamos, dividimos y restamos;
terminan en su perenne condición.
¿Qué diablos es el cuerpo
sin el cual no estaríamos aquí?
Más allá de la biología,
donde está su sentido fugaz de reproducirse
e incluso de maltratarse, herirse,
sufrir más allá de su propia condición terrenal;
cargado de enfermedades que lo cuestionan
desde sus entrañas mismas.
Arquetipo de divinidades
que asumen sus características externas
masculinas y femeninas
ausentes de su peso de gravedad
y sus complejidades.
El cuerpo separado y unido en su sexualidad;
violentado por nuestra profunda ignorancia.
Acaso es la prisión que mencionan las tradiciones;
acaso porque la mente no logró desprenderse
de su cerebral habitación.
Tal vez el asunto sea otro,
y el cuerpo físico sea sólo la fachada,
la envoltura de algo más profundo
que está esperando que descubramos.
Mientras tanto domina la partida
del tiempo que lo intuye.
El tiempo es su escultor,
y el espacio es donde se oculta su razón:
la imposibilidad de su pretensión.
El cuerpo es la entrada,
la puerta que se abre.
And if the body were not the soul, what is the soul?
Walt Whitman
De pronto nos descubrimos en la incógnita
que no tiene respuesta:
Es el cuerpo lo que tenemos;
su grandeza y miserias son la única realidad que al fin cuenta
¿Qué es el cuerpo?
¿Por qué sentimos que estamos atrapados
en sus posibilidades y límites?
¿Por qué buscamos apropiarnos del carácter de otros seres vivos?
¿Por qué aspiramos en algún momento a no desaparecer
con su carne huesos sangre?
¿Por qué hablamos de resurrección,
reencarnación, eternidad y demás temas afines
que pretenden liberarse de su condición mortal?
Todo el entorno social,
toda la historia, de una u otra manera,
gira en torno a sus necesidades y deseos.
Las mismas cuentas que multiplicamos,
sumamos, dividimos y restamos;
terminan en su perenne condición.
¿Qué diablos es el cuerpo
sin el cual no estaríamos aquí?
Más allá de la biología,
donde está su sentido fugaz de reproducirse
e incluso de maltratarse, herirse,
sufrir más allá de su propia condición terrenal;
cargado de enfermedades que lo cuestionan
desde sus entrañas mismas.
Arquetipo de divinidades
que asumen sus características externas
masculinas y femeninas
ausentes de su peso de gravedad
y sus complejidades.
El cuerpo separado y unido en su sexualidad;
violentado por nuestra profunda ignorancia.
Acaso es la prisión que mencionan las tradiciones;
acaso porque la mente no logró desprenderse
de su cerebral habitación.
Tal vez el asunto sea otro,
y el cuerpo físico sea sólo la fachada,
la envoltura de algo más profundo
que está esperando que descubramos.
Mientras tanto domina la partida
del tiempo que lo intuye.
El tiempo es su escultor,
y el espacio es donde se oculta su razón:
la imposibilidad de su pretensión.
El cuerpo es la entrada,
la puerta que se abre.
Dos poemas de Fabiola Amaro
Naturaleza 14
Dejó sus muertos en tierra
los llevó en su alma
Debió quitarse las hermosas ramas
manchadas de tedio
Dejó falacias y mentiras
Se fue en busca del sol
desprendiéndose del padre
Y es tan posible esto que digo
Partir a otro lugar
fuera de una naturaleza humana
Llevando luz en las palabras
como única patria
* * * * *
Signos del cometa
Dicen que somos seres de luna
espléndidos pedazos de sombra
emergemos de universos volátiles
del punto, del cometa.
Con una bolsa rota
Alas frágiles, mojadas
graciosos de memoria,
Todo miramos en telarañas de signos
fusión del rayo
universalidad del espejo que huye.
Dejó sus muertos en tierra
los llevó en su alma
Debió quitarse las hermosas ramas
manchadas de tedio
Dejó falacias y mentiras
Se fue en busca del sol
desprendiéndose del padre
Y es tan posible esto que digo
Partir a otro lugar
fuera de una naturaleza humana
Llevando luz en las palabras
como única patria
* * * * *
Signos del cometa
Dicen que somos seres de luna
espléndidos pedazos de sombra
emergemos de universos volátiles
del punto, del cometa.
Con una bolsa rota
Alas frágiles, mojadas
graciosos de memoria,
Todo miramos en telarañas de signos
fusión del rayo
universalidad del espejo que huye.
Cuerpo - Carla Faesler
Si las manos supieran
del poder de las pinzas,
del metálico alcance de las grúas,
y los ojos se vieran comparados
con las lupas y con los telescopios,
la ciencia que se encarna en mineral.
Si los pies conocieran
vehículo, escalera, elevador,
su mecánico viaje sin los pasos,
y la voz adquiriera la conciencia
del sintetizador y del micrófono,
la presencia en la ausencia electrizada.
Si el oído supiera
de radares, de radios y de amplificadores,
su ondular sin la traquea y las costillas,
y la mente, en su puro andamiaje
frente a los discos duros compitiera,
en memoria, en síntesis, en cálculo,
sus acertados plásticos abstractos.
Se aprecian las ventajas
y la ignorancia práctica del cuerpo,
en fracciones aisladas de un alcance impensado,
de tantos atributos
saqueados en matraces, en los tubos de ensayo,
que esas mismas mentes diseñaron,
que esas manos mismas practicaron,
que esos mismos ojos vislumbraron,
junto a esos oídos en alerta,
y a esos pies que les dieron estatura.
Instrucciones para contar muertos - Sara Uribe
Uno, las fechas, como los nombres, son lo más
importante. El nombre por encima del calibre de
las balas.
Dos, sentarse frente a un monitor. Buscar la nota
roja de todos los periódicos en línea. Mantener la
memoria de quienes han muerto.
Tres, contar inocentes y culpables, sicarios, niños,
militares, civiles, presidentes municipales, migrantes,
vendedores, secuestradores, policías.
Contarlos a todos.
Nombrarlos a todos para decir: este cuerpo podría
ser el mío.
El cuerpo de uno de los míos.
Para no olvidar que todos los cuerpos sin nombre
son nuestros cuerpos perdidos.
Me llamo Antígona González y busco entre los
muertos el cadáver de mi hermano.
militares, civiles, presidentes municipales, migrantes,
vendedores, secuestradores, policías.
Contarlos a todos.
Nombrarlos a todos para decir: este cuerpo podría
ser el mío.
El cuerpo de uno de los míos.
Para no olvidar que todos los cuerpos sin nombre
son nuestros cuerpos perdidos.
Me llamo Antígona González y busco entre los
muertos el cadáver de mi hermano.
- - - - - -
Antígona González. Sur Ediciones. 2012.
Versos - Penélope Silva
Sin multitudes, amor, ¿dónde nos esconderemos?
Golondrina de Schrondiger, ¿haremos verano?
Deberíamos tejer una comedia, no esta tragedia de máscaras y mascarillas.
Nada de anticuerpos: nuestra propia epidermia.
Contagiarnos, inmunizarnos.
Sonrío ante tus letras —efecto placebo—
y queda una cicatriz por cada verso.
La dulce costumbre de morir - Zamuel Hernández
de vez en cuando
amanezco
el sistema autónomo
reclama sorbos de petróleo
amanezco
seis a eme o siete a eme
despierto
tres con quince o cuatro a eme con minutos difusos
hace tiempo que las cobijas me expulsan de sí
entiendo soy un ser incómodo
aunque intente dormir
amanezco
más de trescientos sesenta giros
menos de sesenta y nueve posiciones
este cuerpo falla
las tripas se ahorcan a sí mismas
este cuerpo no está enfermo
amanece
este cuerpo no cae
es derribado por la mítica intrusa
este cuerpo alucinatorio
es el dibujo de niños malformados
la imagen se retuerce
hace tiempo que en casa no tenemos espejos
por costumbre
amanezco
sueño
con rostro de perro
intersticio bicolor
amanezco
el sol sucumbe
es mi nacimiento
- - - - - - - - - - - -
Hernández, S. (2021). La dulce costumbre de morir, en Derrumbe. México: El Diván Negro, pp. 41-42.
Sitios:
www.facebook.com/DivanNegro
www.instagram.com/editorial_divan_negro
www.eldivannegro.com.mx
Dos poemas de Carlos Loperena
¿Que me requiere el amor?
Solo tres cosas le pido al amor
Que sea respetuoso con el amado
Que no tenga reparo en mostrarse
Que no se confunda con lo vulgar
Siendo así no tengo reparo en amar
En darle a mi amada mi intimidad
Si ella me aprecia sabrá esperar
A que tengamos madurez
Solo tres cosas le pido al amor
Que sea respetuoso con el amado
Que no tenga reparo en mostrarse
Que no se confunda con lo vulgar
Siendo así no tengo reparo en amar
En darle a mi amada mi intimidad
Si ella me aprecia sabrá esperar
A que tengamos madurez
para amar de verdad.
* * * * *
* * * * *
Un día para empezar a amar
Viéndote mirar al cielo en tus ojos me perdí
Conociendo tu sonrisa a ser feliz aprendí
Dulce esposa, dulce amiga contigo quise vivir
Amarte fue mi sino, quererte fue mi misión
Y seguir fiel a tus pasos fue mi mayor ilusión
En este camino al cielo seré yo tu compañero
pues aunque no me lo pidas te cuidaré con esmero
Son tus cabellos dorados la luz que me da confianza
y viéndote cada día nunca pierdo la esperanza
Tus manos blancas y suaves denotan tu noble cuna
Y cuando ellas me acarician me transportan a la luna
Es un día para celebrar
Es un día como cualquier otro
Un día para empezar a amar
Viéndote mirar al cielo en tus ojos me perdí
Conociendo tu sonrisa a ser feliz aprendí
Dulce esposa, dulce amiga contigo quise vivir
Amarte fue mi sino, quererte fue mi misión
Y seguir fiel a tus pasos fue mi mayor ilusión
En este camino al cielo seré yo tu compañero
pues aunque no me lo pidas te cuidaré con esmero
Son tus cabellos dorados la luz que me da confianza
y viéndote cada día nunca pierdo la esperanza
Tus manos blancas y suaves denotan tu noble cuna
Y cuando ellas me acarician me transportan a la luna
Es un día para celebrar
Es un día como cualquier otro
Un día para empezar a amar
martes, marzo 21, 2017
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