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lunes, julio 06, 2020

reflexión (1): Sylvia, Raúl y Ángel

«La reflexión es el cambio de dirección de una onda, que, al entrar en contacto con la superficie de separación entre dos medios cambiantes, regresa al medio donde se originó. Ejemplos comunes son la reflexión de la luz, el sonido y las ondas en el agua.»

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«A veces me pregunto si hubo en rigor una vida anterior. También me lo preguntaba el 11 de septiembre del 73, en medio de las golpizas en el barco Maipo: ¿Hubo una vida anterior a esos golpes? ¿Y si todo lo anterior no fue solo un espejismo del que estamos despertando? ¿Y si todos los abrazos que dimos fueran ilusiones? ¿Y si todas las despedidas también lo fueran? No, sé que no es así, pero podría serlo. Y tal vez sería liberador pensar que no hubo nada antes. Sería algo así como ser Borges, pero no el Borges que sabemos, sino uno de verdad, un Borges que agoniza junto contigo.»
Raúl Zurita

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Soy de plata y exacto. Sin prejuicios.
Y cuanto veo trago sin tardanza
tal y como es, intacto de amor u odio.
No soy cruel, solamente veraz:
ojo cuadrangular de un diosecillo.
En la pared opuesta paso el tiempo
meditando: rosa, moteada. Tanto ha que la miro
que es parte de mi corazón. Pero se mueve.
Rostros y oscuridad nos separan
Sylvia Plath

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Cuando te quedas solo, eres espejo
de lo que fuiste:
una mañana
contemplada desde el balcón
entornado; unos pasos
armoniosos que no has seguido
para no derramar tu gozo;
unas cuantas palabras
que te cambiaron más que el tiempo;
una mirada que se ahogó
como luz en tus venas;
un viaje que nunca querías
terminar; tu alma ausente
de lo que te esperaba
al quedarte tan solo.

martes, marzo 27, 2018

La vida nueva - Raúl Zurita

Escritura en el cielo


MI DIOS ES HAMBRE

MI DIOS ES NIEVE

MI DIOS ES NO

MI DIOS ES DESENGAÑO

MI DIOS ES CARROÑA

MI DIOS ES PARAÍSO

MI DIOS ES PAMPA

MI DIOS ES CHICANO

MI DIOS ES CÁNCER

MI DIOS ES VACÍO

MI DIOS ES HERIDA

MI DIOS ES GHETTO

MI DIOS ES DOLOR

MI DIOS ES

MI AMOR DE DIOS

viernes, agosto 19, 2016

El fin de las lenguas (fragmento) - Raúl Zurita

«Les corresponderá entonces a los nuevos poetas levantar desde allí, desde esa locura de los hombres del poema homérico, los contornos de otra belleza. Si no es ya demasiado tarde serán ellos, los nuevos Homero de este tercer mundo, los nuevos Darío, los nuevos Rilke, quienes deberán enfrentar las tareas de un trabajo gigantesco y desmesurado: inscribir sobre el cielo, sobre la tierra, sobre los desiertos, una nueva y arrasadora compasión, una ternura incolmable por cada átomo, por cada mirada, por cada aliento de la vida, que nos lleve a contemplar de nuevo, como si nos levantáramos por primera vez, la reconquistada diafanidad del mundo. Sin saber bien cómo en un poema traté –dudosa, precariamente- de imaginarme al menos algo de esa diafanidad. Era la visión del océano Pacífico ascendiendo sobre el cielo. Pienso que lo recordé ahora porque deseo creer que si esa nueva compasión adviene, que si esa piedad por el mundo tendrá un lugar, será también la compasión de estos paisajes, de estas cordilleras y de estas largas llanuras, de los ríos, de las playas, de todo lo que es, elevándose a los cielos por el amor nuestro.

Es el amor que imagino. Si se puede hablar entonces de una tarea de la poesía, esa tarea es la de curar las palabras, la de salvarlas de su agonía para que otra vez puedan evocar y hacer cotidiana la plenitud a veces terrible de la existencia, vale decir, para que puedan nuevamente hacer vivo el latido de Dios entre nosotros. Esa fue la estremecedora plenitud de Sófocles y Esquilo, de los antiguos profetas, de las elegías que nos han legado los poemas náhuatl. Casi tres milenios más tarde, en una de sus poesías más extraordinarias: España, aparta de mí este cáliz, Vallejo vio en la letra, es decir, en los átomos indivisibles de las palabras, el origen de la pena. El pensaba en el castellano y en la destrucción que significó su imposición en este continente. En realidad, todas las lenguas han nacido de una destrucción y de una muerte y de allí para adelante su misión era levantar una nueva tierra frente a lo destruido. Es en eso en lo que radica su sacralidad y su fracaso y es en eso donde radican también la sacralidad y la redención de la poesía.»

(Completo por acá, en letras.s5.com)