Salgo a caminar al atardecer, es decir, casi a las 9 de la noche. Las nubes enmarcan tantas historias y les dan envidiables matices. Es fácil querer quedarse en el ocaso, en sus claroscuros, en sus nubes renacentistas. La paleta celestial se intensifica y se entiende el relámpago silábico de los haikú. Si este fuera el último día bien merece una sonrisa, pienso.
Pero son minutos. Aquí y ahora, no hay más. Sonrío. Hace años empecé
un blog sobre nubes y debería continuarlo. Igual podría quedarme las horas buscando figuras en el cielo, o sin buscarlas.
Subo al puente y me siento en paz, parte del paisaje. No importan reloj ni calendario.
Pero hay que seguir, un paso y otro, mientras se pueda. Camino a la tienda, pierdo de vista el cielo porque alguien exige mi atención, y está bien. Aquí y ahora.
Y quiero escribir en pasado pero me sale en presente narrativo.
No podría ser de otra forma: sigo con una sonrisa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario