Reproducciones de la obra del Museo Nacional del Prado fueron traídas a San Luis Potosí y colocadas en la plaza de Los Fundadores gracias a la Dirección de Cultura Municipal del H. Ayuntamiento de San Luis Potosí. Representativas, algunas recortadas, pero muy disfrutables.
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lunes, julio 17, 2023
miércoles, noviembre 03, 2021
martes, noviembre 03, 2020
A propósito de la fundación de San Luis Potosí
El 3 de noviembre de 1592 se fundó oficialmente San Luis Potosí, que llegaría a ser cpital del estado del mismo nombre. Con ese motivo quiero compartirles un adelanto de mi novela La bruja guachichil, palabras para otra magia, que publicarán próximamente la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, por medio de la editorial Ponciano Arriaga, y El Colegio de San Luis, Centro Público de Investigación Conacyt.
Este adelanto fue publicado en el sitio del proyecto San Luis Potosí, segundos al alba: instantes para una memoria compartida, que coordina Tomás Calvillo Unna en El Colegio de San Luis. Les invito a visitar otras páginas de este Libro Vivo, a comentarlo y compartirlo.
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| Foto: Gabriel Figueroa Flores |
2020
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| Foto: Alexandro Roque |
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| Foto: lexandro Roque |
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Colsan,
Ed. Ponciano Arriaga,
El Colegio de San Luis,
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novela histórica,
San Luis Potosí,
secretaría de cultura
lunes, abril 03, 2017
Judas lengualarga
En exhibición en el Museo de la Máscara
desde este martes 4 de abril hasta antes de su quema
el sábado de gloria en la Plaza de los Fundadores.
San Luis Potosí.
domingo, noviembre 03, 2013
A propósito de una ciudad hecha de palabras
Con palabras se hizo un pueblo de indios, en un territorio donde hubo pueblos seminómadas, que todo lo tenían y guerreaban con el alma. Con palabras se le cambió hacia el norte y se trazaron calles. Con palabras fue capital del país y se han hecho aportes al liberalismo y a la democracia —difícil de creer hoy en día, pero sí, así ha sido— aunque la actualidad sea tan patética políticamente hablando. La letra con sangre entra, sí, y también hay palabras rojas, de colores nada usuales. Gritos de todo tipo, por algo las onomatopeyas nos marcan la espalda al escribir. Hecha de palabras, esta ciudad se reconstruye a pesar de las tormentas, a pesar de que muchas veces no sabe elegir a sus representantes, a pesar de que nadie cuenta su crónica real.
Y es que de Fundadores (que dieron nombre a una plaza) se ha pasado a precursores, pero también a espectadores. Esta ciudad se desgaja y se desaparecen sus cerros cada vez más habitados. se vuelve laberinto de ríos, muestra sus ramales de venas salidas de madre, se mueren y se matan quienes nada debían, nadie quiere hablar y menos debatir, pero esperemos que salga el sol. De nuevo. Hay señales, por lo menos, de que todo puede cambiar.
Una de estas señales es que la ciudad —el municipio en que está enclavada, en una olvidada frontera interior, entre la selva y el desierto— ha sido durante buena parte de 2013 la más fría del país. Antes se diferenciaban bien sus estaciones, y las temporadas de lluvia y frío sabían que meses del año aposentarse en sus calles. El clima seco-cálido que campeaba ha sido sustituido por cambios bruscos que obligan a sus habitantes a salir siempre con chamarra, sombrilla y protector contra el sol.
La reciente aparición de extrañas especies, vegetales y animales en el centro histórico de esta ciudad hecha de palabras ha llevado a especialistas en todas las ramas de la ciencia a replantearse fragmentos de la historia que no habían sido tomados en cuenta.
Primero fue una alegre mata de sandía la que brotó en las obras de remodelación de la alameda Juan Sarabia, lugar típico de aves (por sus patos y por su entorno ideal para garciar). Los pocos afortunados que la probaron dijeron que era dulce y muy jugosa. Luego fue una planta de maíz, que también cerca del museo del tren opuso alegre resistencia a ser arrancada. En los puentes que cruzan la diagonal sur (oficialmente, avenida Salvador Nava) y en el periférico surgieron pequeños arbolitos, gracias a las lluvias.
Hay quien vio el pasado mes de junio a un armadillo cruzar hecho la cochinilla plaza de armas, y varios testigos de probada credibilidad reportan que un venado ha sido visto al alba, tras noches de luna plena, en la Plaza de los Fundadores, la primera, donde se creó esta ciudad de escudo azul y oro, con un cerro relleno de metales preciosos hoy desaparecido.
Acostumbrados a ver a la dama de negro y a la Maltos, a la Llorona en el río Santiago y a la Planchada en el Hospital Central, hace tiempo que sus habitantes no reportaban más apariciones en el centro histórico. Sus miles de fantasmas, que han creado una energía muy especial en esa zona de la ciudad (como aseguró un conocido santero y escritor cubano), parecían haberse quedado mudos. Ciudad de palabras pero también de silencios, incluso sepulcrales.
Desde principios de 2013 quienes deambulan por el centro histórico, sobre todo los que salen por ahí de la medianoche de los antros y cafés cercanos al jardín Guerrero (más conocido como de San Francisco), de Independencia, Carranza, Bolívar o Allende, juran que han oído hablar a la estatua de bronce que se erigió en honor a Juan del Jarro, y ya no sólo a los enamorados, como contaba la leyenda. En medio del jardín, al inicio de la calle de Universidad, Juan suele permanecer callado durante el día, atendiendo a los curiosos que llegan a tomarle fotos. Soportó con estoicismo el baño de pintura que alguna vez le hicieron, y no dice nada cuando se recargan en él. A medianoche, cuentan, suele adquirir la locuacidad que lo hiciera famoso durante el siglo 19.
Juan del Jarro, por nombre cristiano Juan de Dios, nació cerca de algún lugar desconocido, casi en alguna parte, de la ciudad de las camelias, al norte de esta ciudad hecha de palabras. Como ésta todos se conocen, o al menos conocen a algún conocido de un familiar, o al amigo de un amigo —y más en los tiempos en que vivió Juan—todos lo recuerdan como un pordiosero que gozaba del don de la adivinación y repartía entre los necesitados lo poco que le donaban, de mirada curiosa, siempre con su sombrero de copa (raído y con engranes, de los que se desconoce el mecanismo), un reloj de faltriquera que solía consultar nerviosamente, un pantalón sujetado con un mecate a su generosa panza y un misterioso jarro en el que guardaba una sustancia desconocida. Sobra decir que el jarro desapareció a la muerte de Juan, y que muchos aventureros y órdenes religiosas aún lo buscan por su valor histórico y ritual.
Hay quien le reza todavía: desfacía entuertos, iba de uno a otro de los siete barrios en muy poco tiempo (se cuenta que usaba los túneles que se construyeron durante la Colonia), vaticinaba muertes y adivinaba engaños amorosos, como constatan los testimonios (actualmente en el Archivo Histórico del Estado) de los parientes de un párroco de Nuestra Señora de Tlaxcalilla y de una señora de una acaudalada familia, a quienes dijo como con descuido su próxima muerte y que el hijo que iba a tener no era de su marido. Respectivamente, but of course. Cuando murió fue sepultado en el panteón del barrio del Montecillo, donde quienes lo acompañaron (de todas las clases sociales) atestiguaron cómo hasta los escarabajos le hicieron guardia. Tras muchas vicisitudes sus restos fueron a dar al panteón del Saucito.
Cuentan ciertos historiadores que de joven Juan del Jarro vivió en Oxford, Inglaterra, donde ejerció de sombrerero, y como todos los que se dedicaban a ese oficio era meticuloso pero también aspiraba vapores de mercurio al limpiar el fieltro de los sombreros. De ahí su mirada, su uso ocasional de un monóculo, el prurito por ver la hora en su viejo reloj de leontina y el hábito de disfrutar a las cinco de la tarde de un buen té, cuando podía. El tiempo es un castigo, solía decir, y sonreía. De su amistad en ese tiempo con un amable reverendo, aficionado a las matemáticas y a la fotografía, tomó el gusto por relatar historias nuevas y viejas, llenas de fantasía, a los niños de esta ciudad de cantera y de palabras.
Hoy se le oye decir, es decir, a su estatua, como alguna vez profetizó en vida (y se creyó que se refería a la gran inundación de 1933, cuando se reventó la represa): "Esta ciudad desaparecerá inundada... podría no ser de agua, pero de ustedes depende".
Doy fe: Alexandro Roque
Y es que de Fundadores (que dieron nombre a una plaza) se ha pasado a precursores, pero también a espectadores. Esta ciudad se desgaja y se desaparecen sus cerros cada vez más habitados. se vuelve laberinto de ríos, muestra sus ramales de venas salidas de madre, se mueren y se matan quienes nada debían, nadie quiere hablar y menos debatir, pero esperemos que salga el sol. De nuevo. Hay señales, por lo menos, de que todo puede cambiar.
Una de estas señales es que la ciudad —el municipio en que está enclavada, en una olvidada frontera interior, entre la selva y el desierto— ha sido durante buena parte de 2013 la más fría del país. Antes se diferenciaban bien sus estaciones, y las temporadas de lluvia y frío sabían que meses del año aposentarse en sus calles. El clima seco-cálido que campeaba ha sido sustituido por cambios bruscos que obligan a sus habitantes a salir siempre con chamarra, sombrilla y protector contra el sol.
La reciente aparición de extrañas especies, vegetales y animales en el centro histórico de esta ciudad hecha de palabras ha llevado a especialistas en todas las ramas de la ciencia a replantearse fragmentos de la historia que no habían sido tomados en cuenta.
Primero fue una alegre mata de sandía la que brotó en las obras de remodelación de la alameda Juan Sarabia, lugar típico de aves (por sus patos y por su entorno ideal para garciar). Los pocos afortunados que la probaron dijeron que era dulce y muy jugosa. Luego fue una planta de maíz, que también cerca del museo del tren opuso alegre resistencia a ser arrancada. En los puentes que cruzan la diagonal sur (oficialmente, avenida Salvador Nava) y en el periférico surgieron pequeños arbolitos, gracias a las lluvias.
Hay quien vio el pasado mes de junio a un armadillo cruzar hecho la cochinilla plaza de armas, y varios testigos de probada credibilidad reportan que un venado ha sido visto al alba, tras noches de luna plena, en la Plaza de los Fundadores, la primera, donde se creó esta ciudad de escudo azul y oro, con un cerro relleno de metales preciosos hoy desaparecido.
Acostumbrados a ver a la dama de negro y a la Maltos, a la Llorona en el río Santiago y a la Planchada en el Hospital Central, hace tiempo que sus habitantes no reportaban más apariciones en el centro histórico. Sus miles de fantasmas, que han creado una energía muy especial en esa zona de la ciudad (como aseguró un conocido santero y escritor cubano), parecían haberse quedado mudos. Ciudad de palabras pero también de silencios, incluso sepulcrales.
Desde principios de 2013 quienes deambulan por el centro histórico, sobre todo los que salen por ahí de la medianoche de los antros y cafés cercanos al jardín Guerrero (más conocido como de San Francisco), de Independencia, Carranza, Bolívar o Allende, juran que han oído hablar a la estatua de bronce que se erigió en honor a Juan del Jarro, y ya no sólo a los enamorados, como contaba la leyenda. En medio del jardín, al inicio de la calle de Universidad, Juan suele permanecer callado durante el día, atendiendo a los curiosos que llegan a tomarle fotos. Soportó con estoicismo el baño de pintura que alguna vez le hicieron, y no dice nada cuando se recargan en él. A medianoche, cuentan, suele adquirir la locuacidad que lo hiciera famoso durante el siglo 19.
Juan del Jarro, por nombre cristiano Juan de Dios, nació cerca de algún lugar desconocido, casi en alguna parte, de la ciudad de las camelias, al norte de esta ciudad hecha de palabras. Como ésta todos se conocen, o al menos conocen a algún conocido de un familiar, o al amigo de un amigo —y más en los tiempos en que vivió Juan—todos lo recuerdan como un pordiosero que gozaba del don de la adivinación y repartía entre los necesitados lo poco que le donaban, de mirada curiosa, siempre con su sombrero de copa (raído y con engranes, de los que se desconoce el mecanismo), un reloj de faltriquera que solía consultar nerviosamente, un pantalón sujetado con un mecate a su generosa panza y un misterioso jarro en el que guardaba una sustancia desconocida. Sobra decir que el jarro desapareció a la muerte de Juan, y que muchos aventureros y órdenes religiosas aún lo buscan por su valor histórico y ritual.
Hay quien le reza todavía: desfacía entuertos, iba de uno a otro de los siete barrios en muy poco tiempo (se cuenta que usaba los túneles que se construyeron durante la Colonia), vaticinaba muertes y adivinaba engaños amorosos, como constatan los testimonios (actualmente en el Archivo Histórico del Estado) de los parientes de un párroco de Nuestra Señora de Tlaxcalilla y de una señora de una acaudalada familia, a quienes dijo como con descuido su próxima muerte y que el hijo que iba a tener no era de su marido. Respectivamente, but of course. Cuando murió fue sepultado en el panteón del barrio del Montecillo, donde quienes lo acompañaron (de todas las clases sociales) atestiguaron cómo hasta los escarabajos le hicieron guardia. Tras muchas vicisitudes sus restos fueron a dar al panteón del Saucito.
Cuentan ciertos historiadores que de joven Juan del Jarro vivió en Oxford, Inglaterra, donde ejerció de sombrerero, y como todos los que se dedicaban a ese oficio era meticuloso pero también aspiraba vapores de mercurio al limpiar el fieltro de los sombreros. De ahí su mirada, su uso ocasional de un monóculo, el prurito por ver la hora en su viejo reloj de leontina y el hábito de disfrutar a las cinco de la tarde de un buen té, cuando podía. El tiempo es un castigo, solía decir, y sonreía. De su amistad en ese tiempo con un amable reverendo, aficionado a las matemáticas y a la fotografía, tomó el gusto por relatar historias nuevas y viejas, llenas de fantasía, a los niños de esta ciudad de cantera y de palabras.
Hoy se le oye decir, es decir, a su estatua, como alguna vez profetizó en vida (y se creyó que se refería a la gran inundación de 1933, cuando se reventó la represa): "Esta ciudad desaparecerá inundada... podría no ser de agua, pero de ustedes depende".
Doy fe: Alexandro Roque
miércoles, octubre 07, 2009
Feria del libro Infantil y Juvenil en la Plaza de los Fundadores
Sea, desde este viernes...
Consulta el programa aquí

Esperemos que en la nueva administración estatal, soñar no cuesta nada, haya más oportunidad de crear programas en las ferias del libro dándole voz a diversos grupos, tanto independientes como de instituciones que podrían aportar mucho. No es que no estén bien los que sí están, pero no son todos. Hay horarios muertos en el programa y ahí están sin poder participar chavos que editan sus revistas, músicos que quieren mostrar sus habilidades, teatreros, nuevos libros de El Colegio de San Luis, autores que van empezando y que publican por su cuenta, los chavos de la licenciatura en lengua, mucha gente que no anda en los circuitos oficiales (léase en los grupos de poder) pero... yo mismo he andado de ofrecido en nombre de los anteriores y del propio esperando que nos den chance de llegarle a los paseantes de la Plaza de Fundadores, o de los municipios en otras ferias, se siente bien leer ante públicos tan diversos y a veces hasta cotorrear después de la lectura... ah, pero no preguntan ni dan chance, chinguagua...
Consulta el programa aquí

Esperemos que en la nueva administración estatal, soñar no cuesta nada, haya más oportunidad de crear programas en las ferias del libro dándole voz a diversos grupos, tanto independientes como de instituciones que podrían aportar mucho. No es que no estén bien los que sí están, pero no son todos. Hay horarios muertos en el programa y ahí están sin poder participar chavos que editan sus revistas, músicos que quieren mostrar sus habilidades, teatreros, nuevos libros de El Colegio de San Luis, autores que van empezando y que publican por su cuenta, los chavos de la licenciatura en lengua, mucha gente que no anda en los circuitos oficiales (léase en los grupos de poder) pero... yo mismo he andado de ofrecido en nombre de los anteriores y del propio esperando que nos den chance de llegarle a los paseantes de la Plaza de Fundadores, o de los municipios en otras ferias, se siente bien leer ante públicos tan diversos y a veces hasta cotorrear después de la lectura... ah, pero no preguntan ni dan chance, chinguagua...
sábado, abril 21, 2007
Inspector en Fundadores
Estuvo de poca madre, y más porque me dejaron pasar al corral delantero, en donde como los demás fotógrafos pudimos darnos vuelo. Big Javi dijo que San Luis Potosí es la capital del ska, y reconoció a grupos locales como Pachamama.
Inspector es de los pocos grupos de ska que ha saltado al éxito comercial sin dejar sus raíces, gracias a Amnesia, a trío con Rubén de Café Tacuba y Roco de La Maldita Vecindad. Al ritmo de Inspector bandas urbanas y suburbanas y algunos colados salimos a la noche del centro de la ciudad con ganas de mover el esqueleto. La Plaza de Fundadores se llenó de melenas moviéndose. Los pechos de algunas asistentes que casi se salían de su contenedor nos hacían desear rolas más desmadrosas, mientras los más fuertes se lanzaban al slam.
Ya no estoy en condiciones, la última vez que anduve en el slam fue cuando vinieron a San Luis los Angeles del Infierno... y casi dejo el pero para después. Inspector trajo su nuevo disco "amar o morir", pero no dejaron afuera al Cara de chango ni pudieron dejar de irse con el Amargo adios.
Más fotos en spaces y en webshots y otros videitos en myspace y youtube.
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