domingo, abril 19, 2026

Los versicidas no acabarán con la poesía - Josep Massot

Tomado de El boomeran(g)

«Si Versicida es quien cree que para hacer poesía basta con poner voz de poeta y una entonación grave, mientras emite una prosa ramplona y doliente, el Poesílego o Velociego es el lector que ojea un poema con la misma velocidad con la que revisa las notificaciones de su teléfono, buscando un mensaje literal, una utilidad práctica o una frase motivacional, pobre ignorante de que la poesía es, precisamente, el sabotaje de la prisa. También están el Prosancudo, que camina por el poema con zancos de prosa, porque teme rozar el misterio, una analfabeto del asombro, y el Versisordo, carente de silencio y música.


Edificar un buen poema requiere una técnica y una sensibilidad que está al alcance de muy pocos en cada generación. Hoy predominan lo que Cortázar llamaba novelistas vagos para un lector vago y sentimentaloide. Puestos a ser vagos, el poema más breve sería el de un solo verso, o monóstico, cercano al aforismo, como el enigmático «Il ne faut pas voir la réalité telle que je suis», de Éluard, o el famosísimo «Hoy es siempre todavía», de Machado.

Si perdemos la capacidad de leer poesía, nos volvemos literales. Y el literalismo es la antesala de la intolerancia. Para el literalista, un hombre es solo un hombre, una frontera es solo una línea y un poema es solo tinta. Sin la flexibilidad mental que otorga la metáfora, somos incapaces de ponernos en el lugar del otro, porque el otro deja de ser una posibilidad poética para convertirse en un dato estadístico.

La tragedia del Poesilego es que vive en un mundo donde nada significa más de lo que parece.

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