martes, agosto 30, 2016

Soy naco y qué - Los Nakos



El director de TVUnam, producto de Televisa, quiso mostrar, como siempre, su gran sapiencia y el humor que no tiene, y en su columna periodística de este martes pergeñó lo siguiente: "Mi rechazo al trabajo de Juan Gabriel es, pues, clasista: me irritan sus lentejuelas, no por jotas sino por nacas". Discrimación por donde se le vea, levantó ámpula. No se trata de glorificar a Juan Gabriel, cada quien sus gustos (coincido en lo de que sus letras eran muy elementales), sino de los usos de las palabras "jotas" y "nacas" por un funcionario (esa es la bronca principal, que no sabe para quién trabaja, para el pueblo) seudointelectual y sobrevalorado. Está en Change la petición para que deje de dirigir la televisión de una universidad que tiene como lema "Por mi raza hablará el espíritu" y ya va por las 20 mil firmas. Ya firmé.

domingo, agosto 28, 2016

Siempre en mi mente. Apuntes



Pocos cantantes manipulan su voz como Juan Gabriel (1950-2016), en tono y vibración, poniéndose a prueba —y saliendo triunfante— una y otra vez; pocos logran colocar sus letras en tantos ámbitos y unos cuantos como él tienen tanta presencia en el escenario. No hay funeral en donde no se oiga "Amor eterno" o borrachera donde no salieran desde el aguijonazo de "Por qué me haces llorar" o "La diferencia" hasta la resignación de "Lo pasado, pasado"; nos dio un himno nacional (desgraciadamente) vigente: "No tengo dinero". En tiempos en que usar una camisa hawaiana era motivo de bullying se vistió como se le dio su chingada gana. Venció la homofobia desde hace décadas, y lo disfrutó y nos hizo disfrutarlo: nada como bailar con la libertad de ser uno mismo, de gozarnos con cualquier ritmo. El Divo y uno de sus mantras: "Lo que se ve no se juzga", pero qué necesidad... Ah, el video que acompaña estas notas es totalmente ochentero, de aquellos tiempos del auge de los videoclips y "La hora de Juan Gabriel" en la radio. Aún me sé toda la letra, lo acabo de comprobar. Y de todas las que he oído esta tarde.

El último de agosto: Crimentales en Pulso

Nuevo oficio editorial: corrupción de estilo.
Nuevo libro: ¿Quién se llevo mis comillas?

No sean así. Pásenle a Pulso a leer mi columna, casi 100 % original, sobre el plagio y otras caretas. En el periódico Pulso, ándenle, háganle. Y comenten: bienvenida la crítica y el debate, y de lo bueno se habla poco o algo así porque el respeto al derecho ajeno es la paz.

Metallica: Hardwired (Official Music Video)

sábado, agosto 27, 2016

Toda literatura comporta un atletismo - G. Deleuze

Jonathan Wolstenholme
Fragmento de La literatura y la vida.

«Escribir indudablemente no es imponer una forma (de expresión) a una materia vivida. La literatura se decanta más bien hacia lo informe, o lo inacabado, como dijo e hizo Gombrowicz. Escribir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida. Es un proceso, es decir un paso de Vida que atraviesa lo vivible y lo vivido. La escritura es inseparable del devenir; escribiendo se deviene–mujer, se deviene–animal o vegetal, se deviene–molécula hasta devenir–imperceptible. Estos devenires se eslabonan unos con otros de acuerdo con una sucesión particular, como en una novela de Le Clézio, o bien coexisten a todos los niveles, de acuerdo con unas puertas, unos umbrales y zonas que componen el universo entero, como en la obra magna de Lovecraft. El devenir no funciona en el otro sentido, y no se deviene Hombre, en tanto que el hombre se presenta como una forma de expresión dominante que pretende imponerse a cualquier materia, mientras que mujer, animal o molécula contienen siempre un componente de fuga que se sustrae a su propia formalización. La vergüenza de ser un hombre, ¿hay acaso alguna razón mejor para escribir? Incluso cuando es una mujer la que deviene, ésta posee un devenir–mujer, y este devenir nada tiene que ver con un estado que ella podría reivindicar. Devenir no es alcanzar una forma (identificación, imitación, Mimesis), sino encontrar la zona de vecindad, de indiscernibilidad o de indiferenciación tal que ya no quepa distinguirse de una mujer, de un animal o de una molécula: no imprecisos ni generales, sino imprevistos, no preexistentes, tanto menos determinados en una forma cuanto que se singularizan en una población. Cabe instaurar una zona de vecindad con cualquier cosa a condición de crear los medios literarios para ello, como con el áster según André Dhôtel. Entre los sexos, los géneros o los reinos, algo pasa. El devenir siempre está «entre»: mujer entre las mujeres, o animal entre otros animales. Pero el artículo indefinido sólo surge si el término que hace devenir resulta en sí mismo privado de los caracteres formales que hacen decir el, la («el animal aquí presente»...). Cuando Le Clézio deviene–indio, es siempre un indio inacabado, que no sabe «cultivar el maíz ni tallar una piragua»: más que adquirir unos caracteres formales, entra en una zona de vecindad. De igual modo, según Kafka, el campeón de natación que no sabía nadar. Toda escritura comporta un atletismo. Pero, en vez de reconciliar la literatura con el deporte, o de convertir la literatura en un juego olímpico, este atletismo se ejerce en la huida y la defección orgánicas: un deportista en la cama, decía Michaux. Se deviene tanto más animal cuanto que el animal muere; y, contrariamente a un prejuicio espiritualista, el animal sabe morir y tiene el sentimiento o el presentimiento correspondiente. La literatura empieza con la muerte del puerco espín, según Lawrence, o la muerte del topo, según Kafka: «nuestras pobres patitas rojas extendidas en un gesto de tierna compasión». Se escribe para los terneros que mueren, decía Moritz. La lengua ha de esforzarse en alcanzar caminos indirectos femeninos, animales, moleculares, y todo camino indirecto es un devenir mortal. No hay líneas rectas, ni en las cosas ni en el lenguaje. La sintaxis es el conjunto de caminos indirectos creados en cada ocasión para poner de manifiesto la vida en las cosas.»GuardarGuardar

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