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lunes, junio 24, 2019

Nombre y olvido - Ricardo Molina

Lo que nadie recuerda, ¿ha muerto? Acaso vive
recogido en sí mismo la vida más perfecta.
Fuera del tiempo lo llevó el olvido.
Ayer, hoy ni mañana huellan su ser y eterno
vive en fiel estación de melancolía.

Un nombre, a veces, como rama de olivo
en el pico cruel del pájaro del tiempo
sobre las quietas aguas es llevado.
Un soplo testimonia al huir de los labios
que la rosa y el hombre vivieron otros días.

Luego el nombre se olvida y la tierra recoge
la tierra, el aire vuelve al seno del espacio;
la fuente vierte, pura, su concha en el Océano
y la palabra como perla silenciosa
se duerme para siempre en el fondo del mal.

Amaneceres, mediodías, tardes,
noches, amaneceres, mediodías,
la ronda plateada
la rueda inexorable, la distancia,
ayer y hoy confunden sin sentido.

Lo futuro es un ocio. El corazón tan torpe
en lo que aún no existe se desborda y espera,
pero lo que ha vivido es lo único que vive.
Recogido en sí mismo se besa en su solsticio.

miércoles, marzo 20, 2019

El olvido pequeño - Julio Cortázar

Ningún juego te hará olvidar: tu alma es una máquina fría, un lúcido registro.
Nunca olvidarás nada en un torbellino que arrase lo grande y lo pequeño para tirarte a otro presente.

Dormir, el olvido pequeño.

Una lenta ceremonia incomprensible nos había acercado en la noche desde nuestras infinitas distancias.

No me dormiré, no me dormiré en toda la noche, veré la primera raya del alba en esa ventana de tantos insomnios, sabré que nada ha cambiado.

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En Modelo para armar

viernes, noviembre 09, 2018

Soneto - Anna Brigadere

¿Y tendré que luchar contra el olvido,
y he de pedir que el grito del pasado
no vibre más, y entre mi ser guardado
quede cual otro ser jamás nacido?

No: todo lo que alienta me es amado,
aun el antro de hervor estremecido;
árbol mi vida al huracán erguido
dirá al morir su !canto enamorado.

Si soy grano en la mies innumerable
que vivió solo y fiel en el granero
y germina en la siembra perdurable,

todo en redor de mis sentidos quiero:
de racha y sol, de sima y de lucero
fue formado mi espíritu insaciable.

viernes, junio 22, 2018

Le Ley de Lem - Jaime Fernández

«En su ensayo Provocación (1982), Stanislaw Lem promulgó una provocadora Ley de Lem que consta de tres breves enunciados: “Nadie lee nada; los pocos que leen, no comprenden nada; a los pocos que entienden, se les olvida enseguida”. La cita está precedida por una observación acerca del temor de los editores a publicar libros debido a la habitual falta de tiempo, la oferta excesiva y la publicidad “demasiado perfecta”. Ni el carácter genérico de la ley, ni la exageración, y menos aún la ironía, logran desvirtuar el sentido de esas tres frases taxativas, escritas como en espiral, y que, a pesar de ir de menos a más -de ningún lector a los lectores más despiertos-, concluyen en la nada de la que partieron.

»Hace casi tres siglos Georg C. Lichtenberg observó algo parecido, aunque con matices. Decía el sabio de Gotinga que los libros eran una de las mercancías más extrañas que había en el mundo porque, siendo impresos por gente que no los entiende, los vende gente que no los entiende, son encuadernados, criticados y leídos por gente que no los entiende; y, lo que es peor, escritos por gente que no los entiende...»

Completo en el blog En lengua propia.

jueves, julio 13, 2017

Everness - JL Borges

Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.

Ya todo está. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que irá dejando todavía.

Y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores

y las puertas se cierran a tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores.

martes, agosto 09, 2016

Palabra y olvido - Michel Serres

«Se cree que olvidar es un defecto. Pero en realidad es lo contrario, es una cualidad. Le voy a contar una historia: antaño caminábamos en cuatro patas. En cierto momento nos levantamos, entonces las manos perdieron la función de apoyo. Una vez que ganamos las manos, estas sirvieron para agarrar, y ya no lo hacía la boca. La boca perdió su capacidad de atrapar, sí, pero inventamos la palabra. Es decir, que la invención de la función de la mano y la invención de la palabra corresponden a los olvidos, a las pérdidas. Cada vez que se pierde algo, se gana infinitamente más de lo que uno cree.

»Cuando se escribe, se pierde la memoria. Nuestros ancestros no tenían la escritura y por eso estaban obligados a recordar aquello que se decía. En consecuencia, la tradición oral suponía una memoria considerable. Antes de la escritura, nuestro modo de comunicarnos era oral. Por eso era el cuerpo humano, la memoria individual, la que estaba en el centro del saber. Luego se inventó la escritura: descargar en un papel lo que tenemos en la memoria. El soporte dejó de ser el cuerpo humano y pasó al papel. Por eso, desde que escribimos, hemos perdido la memoria, que queda registrada sobre lo escrito. Hay personas que toman apuntes porque temen olvidar. El libro, al reemplazar a la memoria, permite olvidar. Ya no es necesario recordar, lo cual hace más liviano el paso del conocimiento. Cuando la memoria está adentro de la computadora, nos sentimos más livianos todavía. Descargando la información de Internet se libera la mente de un peso. Este download permite nuevas posibilidades. Podemos mantener la intuición, la invención. Desde el momento en que las nuevas tecnologías nos aligeran, estamos condenados a convertirnos en inteligentes.

»La literatura despliega el conjunto de las obras de la imaginación, de la imaginación maestra del conocimiento y la verdad humanos tanto real como virtual. Lo virtual es la esencia de la virtud del ser humano, de su existencia individual o colectiva. Para conocer a las personas en su verdad es preciso instruirse en obras altamente imaginarias como aquellas de la literatura, más profundas que la filosofía y las ciencias humanas que, en cambio, son reales, demasiado reales. ¿Qué es una buena novela o una linda comedia? Son narraciones en las que sucede algo inesperado. ¿Qué es una gran obra de literatura? Es una inmensa invención que revela el destino del hombre.»

domingo, julio 10, 2016

Simplemente Manuel...

Texto publicado en la edición de este domingo en el diario Pulso. Es la primera entrega de una columna que se ha de llamar, como este blog, Crimentales.

El 14 de junio se cumplió un año más de que nació Manuel José Othón, quizá el poeta más reconocido de San Luis Potosí. ¿El mejor? Eso es más subjetivo, pero la obra de Othón es la que al menos entre los círculos de educación media y superior es la más reconocida, principalmente su Idilio salvaje y su Himno de los bosques.

Hubo homenajes oficiales, sí, baile y conferencias en este 158 aniversario. Sin embargo, una breve encuesta sobre quién fue, o si conocen a algún poeta potosino, arrojaría caras de extrañeza, o si acaso a Francisco González Bocanegra, autor del Himno Nacional Mexicano. Cientos de personas pasan diariamente por la calle que conecta la Plaza del Carmen con la Plaza de Armas y pocos se fijan en la casa donde aún se conservan su cocina, su alcoba o su máscara mortuoria.

Su nombre da el propio a esa calle (maltrecha por cierto, por obra y gracia de la sempiterna remodelación del centro histórico) que surge de la carretera, pasa por la ex estación del ferrocarril y va a dar a la Plaza de Armas, con un puente fácilmente inundable; da título a un colegio privado y a un monumento en la salida hacia Guadalajara, donde apenas es visible por quienes pasan hacia las Lomas o los alumnos que transitan hacia la Zona Universitaria.

Hacia allá fui, deseoso de tomarle fotos. Lo vi de lejos: mira hacia el camino a la Ciudad de México (a donde quería escapar, “aunque la hemos amado de lejos”), con la diestra en el pecho, bajo la solapa, y con una hoja doblada en la siniestra. Es difícil acceder al monumento, pues a toda hora pasan alrededor los carros a toda velocidad. Irónico que el cantor de los bosques, el pintor poético que se retiraba al campo para escuchar aves, ríos, suspiros y canciones, acabara enclaustrado en uno de los más representativos espacios del caos citadino. Entre algunas flores y una fuente, el monumento de cantera hoy está también opacado por el asta de una bandera monumental, que pocas veces ondea y muchas se ha desgarrado, no sólo en sentido figurado.

La visión de lo que quiso ser un homenaje fotográfico se transformó en tristeza, al acercarme. Las letras ¿de bronce? han sido arrancadas y hoy sólo queda Manuel, el primer nombre. Simplemente Manuel.

Dirán algunos que qué importa un monumento, pero las trazas de lo urbano (edificios, calles, señalización, monumentos) dan cuenta del reconocimiento, o no, a un pasado común, o si no que lo diga el Benemérito de las Américas, olvidado en un distribuidor vial donde nadie tiene tiempo de verlo.

Faltan dos palabras. Nombre y apellido, necesarios en una época en que los políticos insertan los propios en todo lo que huela a votos. Manuel trató de hacer algo con palabras, sacar la música de lugares que muchos conocemos. Dio con la pincelada justa, con los colores vibrantes. Si no por él, por la poesía, por la lectura, por cierta cultura, pues eso es lo que significa un monumento a un escritor.

Quizá hoy ya no hay rima que valga, ni métrica en las composiciones que apuestan más a la explosión visceral, al pastelazo. No hay poesía en el discurso público. Pareciera que sólo recordamos el meme del día, la lady o el lord de moda. La historia es un pretexto en el calendario, la efeméride a compartir en las redes sociales. Como Manuel y su poesía, todo parece olvidársenos, y la desmemoria suele ser útil sobre todo a quienes saben que la poesía es un arma cargada de futuro.

Y allá en tus verdes bosques, madre mía,
bajo tu cielo azul, madre adorada,
podré morir al golpe de un peñasco
descuajado de la áspera montaña;
o derrumbarme desde la alta cima
donde crecen los pinos y las águilas
viendo de frente al sol labran el nido
y el corvo pico entre las grietas clavan,
hasta el fondo terrible del barranco
donde me arrastren con furor las aguas.

Quiero morir alllá: que me triture
el cráneo un golpe de tus fuertes ramas
que, por el ronco viento retorcidas,
formen, al distenderse, ruda maza;
o bien, quiero sentir sobre mi pecho
de tus fieras los dientes y las garras,
madre naturaleza de los campos,
de cielo azul y espléndidas montañas.


“¡Mal hayan el recuerdo y el olvido!”, escribió Manuel.



miércoles, febrero 24, 2016

Mnemósine

Llegará el día en que nada seremos, 
siempre lo he sabido.
¿Llegará el día en que no me recuerdes?
¿De qué servirían las palabras, entonces?

La memoria es individual.
Nosotros estamos hechos,
en buena parte, de nuestra memoria.
Esta memoria está hecha,
en buena parte, de olvido.

Cuando quiero recordar, 
olvido 
y a veces recuerdo sin querer,
por eso no escribiría nunca mis memorias:
Escribo en el olvido voluntario
porque no es lo mismo inadvertido 
que desapercibido.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido
alguien recuerda, o no,
alguien, sí, sonríe,
luego alguien existe.

sábado, noviembre 22, 2014

De olvidos y pastiches - César Aira

“¿De qué se olvida uno? De recordar algo. Es decir: no se olvida de la cosa sino de su recuerdo. El recuerdo, la huella en la memoria, es lo único que hay…”.

“Si el pastiche es la imitación irónica de un estilo ajeno, ¿no existiría la posibilidad de que toda la literatura haya sido pastiche?"

viernes, marzo 26, 2010

nueva temporada para compartir niñerías

A todos los visitantes:

Les invito a compartir una foto y una historia de su infancia para ser publicados en el blog Recuerdos de polimorfos perversos, un sitio echado a andar el año pasado y que pretende actualizarse en abril de cada año. Historias tristes, humorosas o felices. Recuerdos de escritores y artistas, amigos y posibles amigos, trances propios o de nuestros hijos, historias de quienes apenas dejaron su niñez o ya tenemos rato de haber dejado esa etapa ¿idílica? Con confianza, manden su foto y un texto (referente a la foto o a su infancia en general) a debajodelagua@gmail.com, desde donde iremos colocando las historias y las imágenes conforme vayan llegando.

A partir del 1 de abril y todo el mes andaré más por aquellos rumbos pero obviamente me daré la vuelta por acá para celebrar recordar de qué se trata el asueto que ya empezó, esta semana santa que a veces tiene todo menos eso (y no me estoy quejando).

Anímense, amiguitos.