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martes, agosto 15, 2017
lunes, diciembre 05, 2016
De Jorge Manrique
Este dolor desigual
rabia mucho por matarme;
por hacerme mayor mal,
Muerte no quiere acabarme.
¿Qué haré? ¿Adónde iré
que me hagan algún bien?
Helo pensado y no sé
cómo ni dónde ni a quién...
- - - - -
rabia mucho por matarme;
por hacerme mayor mal,
Muerte no quiere acabarme.
¿Qué haré? ¿Adónde iré
que me hagan algún bien?
Helo pensado y no sé
cómo ni dónde ni a quién...
- - - - -
completo acá
miércoles, junio 06, 2012
no se salga del sendero...
¿Cómo cambiar el pasado? ¿Cómo rehacer nuestra vida? ¿Hay futuro? Anoche veía fotografías, o mejor dicho veía miradas. Y me puse a escribir con furia, con una energía que hace mucho no sentía, a pesar de la migraña y los pensamientos. Una fotografía, la imagen congelada en el tiempo, como apunté en el post anterior, puede tener la calidez como para hacernos el día, para alborotar las mariposas que solemos traer en el estómago algunas personas. Las palabras igual.
Después de poner el post, ya recostado, se me ocurrió pensar a cuántos grados arden qué cosas, y el peligro de que haya quien decida lo que quemamos y lo que tenemos derecho a tener. Sobre cómo nos quemamos, o nos queman. Y me dormí casi al amanecer.
Este miércoles murió Ray Bradbury y se anunció el premio Príncipe de Asturias a Philip Roth, escritores ambos que me han acompañado en momentos clave de mi vida. Debido a sus obsesiones y a pesar de ellas, ambos se reinventan en cada texto, vuelven sobre sí, dejan el sendero que les habían marcado. Advierten, critican. Nos hablan de la desazón (en uno y en los demás) de salirse del sendero, de parar en la estación equivocada. "Uno debe inventarse a sí mismo todos los días y no sentarse a ver cómo el mundo pasa allí adelante, sin que uno participe", dijo Bradbury, autor de Crónicas marcianas, Remedio para melancólicos y la genial Fahrenheit 451, referencia a la temperatura a la que arde el papel, y que da pie a una sociedad distópica donde los libros son prohibidos y quemados. "No intento describir el futuro. Intento prevenirlo", comentaba.
En vacaciones de semana santa (entre muchos otros libros) saqué de la biblioteca Remedio para melancólicos, y con él pasé varias horas. "El amor es la respuesta a todo. Es la única razón para hacerlo todo. Si no escribes historias que amas, nunca funcionará. Si no escribes historias que otras personas aman, nunca funcionará".
Llegar a marte, llegar a amarte, legar la muerte. Transformarnos en pesadillas o en algo extraterrestre. Además del amor, que apunta Bradbury, está el dolor, recurrente en los personajes de Roth. Y aunque el dolor no tenga significado el escritor trata de dárselo en sus personajes, aunque él mismo sea un personaje, no siempre el protagonista. Y entre amor y dolor, escribir.
Dice Bradbury (el zen de la escritura):
«No escribir, para muchos de nosotros, es morir.
Debemos tomar las armas cada uno y todos los días, quizás sabiendo que la batalla no podrá ser ganada enteramente, pero pelear nosotros debemos, así sea sólo un gentil combate. El más pequeño esfuerzo por ganar significa, al final de cada día, una suerte de victoria. Recuerda al pianista quien dijo que si no practicaba cada día él sabría, si no practicaba por dos días, los críticos sabrían, y después de tres días, la audiencia lo sabría.
Una variación de esto es verdad para los escritores. No es que tu estilo, cualquiera que sea, se derretirá fuera de forma en esos pocos días.
Pero lo que podría pasar es que el mundo te alcance y trate de enfermarte. Si no escribes todos los días, los venenos se acumularán y comenzarás a morir, o actuar como loco o ambos.
Debes quedarte intoxicado en escritura de manera que la realidad no te destruya.»
Muchos optan por no involucrarse con tal de no sufrir, no discutir, no pelearse. introspección peligrosa la de muchos, y lo más preocupante, de jóvenes. Me quedo en mi burbuja rosita, piensan. Zuckerman, personaje de Roth, escritor también, se asume como personaje del teatro del ridículo. Yo me asumo como personaje secundario que acompaña a su personaje principal. Acaso un cronista de alguien que sabe ver la realidad. Yo no. Otra verdad es que un personaje puede marcar toda la obra así salga en un solo pasaje... Lo malo es cuando todas las lecturas coinciden en que soy el antagonista.
"Escribir falsa biografía y falsa historia, tramar una existencia semiimaginaria a partir del drama real de mi vida es mi vida...", escribió Philip Roth (citado aquí), y sus novelas y artículos son así, una cruza de realidades y vidas. Hay vidas obvias que pecan de linealidad, o que tienen mucha imaginación pero la tuercen en su perjuicio. Cuando hay una chispa no se puede uno quedar callado ni dejar el pasado tal cual. Para eso es cada día. Para eso están las imágenes y las letras.
Después de poner el post, ya recostado, se me ocurrió pensar a cuántos grados arden qué cosas, y el peligro de que haya quien decida lo que quemamos y lo que tenemos derecho a tener. Sobre cómo nos quemamos, o nos queman. Y me dormí casi al amanecer.
Este miércoles murió Ray Bradbury y se anunció el premio Príncipe de Asturias a Philip Roth, escritores ambos que me han acompañado en momentos clave de mi vida. Debido a sus obsesiones y a pesar de ellas, ambos se reinventan en cada texto, vuelven sobre sí, dejan el sendero que les habían marcado. Advierten, critican. Nos hablan de la desazón (en uno y en los demás) de salirse del sendero, de parar en la estación equivocada. "Uno debe inventarse a sí mismo todos los días y no sentarse a ver cómo el mundo pasa allí adelante, sin que uno participe", dijo Bradbury, autor de Crónicas marcianas, Remedio para melancólicos y la genial Fahrenheit 451, referencia a la temperatura a la que arde el papel, y que da pie a una sociedad distópica donde los libros son prohibidos y quemados. "No intento describir el futuro. Intento prevenirlo", comentaba.
En vacaciones de semana santa (entre muchos otros libros) saqué de la biblioteca Remedio para melancólicos, y con él pasé varias horas. "El amor es la respuesta a todo. Es la única razón para hacerlo todo. Si no escribes historias que amas, nunca funcionará. Si no escribes historias que otras personas aman, nunca funcionará".
Llegar a marte, llegar a amarte, legar la muerte. Transformarnos en pesadillas o en algo extraterrestre. Además del amor, que apunta Bradbury, está el dolor, recurrente en los personajes de Roth. Y aunque el dolor no tenga significado el escritor trata de dárselo en sus personajes, aunque él mismo sea un personaje, no siempre el protagonista. Y entre amor y dolor, escribir.
Dice Bradbury (el zen de la escritura):
«No escribir, para muchos de nosotros, es morir.
Debemos tomar las armas cada uno y todos los días, quizás sabiendo que la batalla no podrá ser ganada enteramente, pero pelear nosotros debemos, así sea sólo un gentil combate. El más pequeño esfuerzo por ganar significa, al final de cada día, una suerte de victoria. Recuerda al pianista quien dijo que si no practicaba cada día él sabría, si no practicaba por dos días, los críticos sabrían, y después de tres días, la audiencia lo sabría.
Una variación de esto es verdad para los escritores. No es que tu estilo, cualquiera que sea, se derretirá fuera de forma en esos pocos días.
Pero lo que podría pasar es que el mundo te alcance y trate de enfermarte. Si no escribes todos los días, los venenos se acumularán y comenzarás a morir, o actuar como loco o ambos.
Debes quedarte intoxicado en escritura de manera que la realidad no te destruya.»
Muchos optan por no involucrarse con tal de no sufrir, no discutir, no pelearse. introspección peligrosa la de muchos, y lo más preocupante, de jóvenes. Me quedo en mi burbuja rosita, piensan. Zuckerman, personaje de Roth, escritor también, se asume como personaje del teatro del ridículo. Yo me asumo como personaje secundario que acompaña a su personaje principal. Acaso un cronista de alguien que sabe ver la realidad. Yo no. Otra verdad es que un personaje puede marcar toda la obra así salga en un solo pasaje... Lo malo es cuando todas las lecturas coinciden en que soy el antagonista.
"Escribir falsa biografía y falsa historia, tramar una existencia semiimaginaria a partir del drama real de mi vida es mi vida...", escribió Philip Roth (citado aquí), y sus novelas y artículos son así, una cruza de realidades y vidas. Hay vidas obvias que pecan de linealidad, o que tienen mucha imaginación pero la tuercen en su perjuicio. Cuando hay una chispa no se puede uno quedar callado ni dejar el pasado tal cual. Para eso es cada día. Para eso están las imágenes y las letras.
viernes, abril 13, 2012
Sé que a la muerte me estará esperando/en el dulce infierno mi amigo Cioran
"Acceso involuntario a nosotros mismos, la enfermedad nos obliga a la "profundidad", nos condena a ella. —¿El enfermo? Un metafísico involuntario."
*
"Una enfermedad es nuestra a partir del momento en que nos dicen su nombre, en que nos ponen la soga al cuello..."
*
"Gozaba de perfecta salud, me sentía mejor que nunca. De pronto, un frío me sorprendió haciéndome comprender que ya no tenía remedio. ¿Qué sucedía? No era, sin embargo, la primera vez que una sensación similar me asaltaba. Sólo que antes la soportaba sin intentar comprenderla. Ahora quería saber, y de inmediato. Descarté hipótesis tras hipótesis: no era cuestión de enfermedad. Ni la sombra de un síntoma al cual aferrarme. ¿Qué hacer? Estaba desorientado, incapaz de encontrar aunque fuera un simulacro de explicación, cuando me vino la idea —y fue un verdadero alivio— de que se trataba de una versión del grande, del último frío, y que estaba únicamente ejercitándome, ensayando..."
*
"¿Soy demasiado consciente de la realidad, y los demás viven en un sueño de idiotas del que no quieren despertar (cosa que no les reprocho), o soy yo el estúpido que cree ver demasiado, sin ver nada? Sea cual sea la respuesta, puedo decir que nunca he pedido estar aquí y aún estando aquí, sólo pienso en cómo salir, sin hacer ruido, sin que se note mi ausencia, como si nunca hubiera estado. Y de esa manera, sentir la ilusión de no haber existido nunca".
*
"Un enfermo me decía: "¿Para qué sufro yo mis dolores si no soy poeta para vanagloriarme o servirme de ellos?"
*
"Cualquier enfermo piensa más que un filósofo. La enfermedad es disyunción, es decir, reflexión. Siempre nos separa de algo, a veces de todo. Hasta el idiota supera su idiotez cuando experimenta una sensación violenta de dolor; es consciente de su sensación y se coloca fuera de ella, y puede que hasta de sí mismo, en cuanto siente que es él quien sufre."
*
"Tras una grave enfermedad, en algunos países de Asia, como en Laos, existe la posibilidad de cambiar de nombre. Qué clarividencia demuestra semejante costumbre. En realidad, deberíamos cambiar de nombre tras cada experiencia importante."
domingo, marzo 25, 2012
Un límite de resistencia
el estado de vigilia tiene un límite de resistencia,
algo así como el dolor, y varía con el variar de la edad.
A.T.
Querida mía:
En sus paredes, las palabras desechos, muestras, tóxico, espera, grave, medicinas, urgencia, no son precisamente hospitalarias. Una anciana llora y se acerca a un hombre. Le dice "no se vaya a poner más mal", y sigue su camino. ¿Cuál dolor pone más mal? La sala desespera de sespera de espera, la cama más. Algunos deben ser cubiertos con batas que dejan el trasero al aire, otros traen cubrebocas que dejan ver miradas inquietas. Nadie se cubre por completo y aún se puede ver demasiado, hasta que lo cubren a uno con una sábana.
Qué mejor lugar para tener la certeza de que, como decía Tabucchi, "llega siempre el momento en el que comprendes que la ilusión sucesiva de los días, o su música, ha llegado a su fin. Si era ilusión, es como cuando, en el instante del alba, los contornos de lo real, antes difusos, se ven invadidos por la luz creciente y se vuelven nítidos, cortantes como hojas, y sin remisión. Si era música, es como si las notas de una orquesta, después del movimiento 'allegro, scherzoso, adagio y allegro maestoso', se volvieran solemnes y se apagaran lentamente: las luces se amortiguan y el concierto ha terminado". Pero otra vez te soñé, y ahí yo estaba sano, no sólo sedado.
Todos los humores se concentran aquí y las visitas duran tan poco tiempo, amor, como la lluvia o el sexo. Sólo el dolor parece eternizarse. Las visitas son oasis, espejismos necesarios. Apenas dos o tres frases, una sonrisa y se van, y los suspiros marcan la distancia; los dispositivos móviles no ayudan, y el que se queda piensa si acaso los verá de nuevo, si pensarán en él, en por qué no vinieron otros... y los disculpa, y vuelve a lo suyo que es respirar aunque sea por medio de un tubo. La vida sigue afuera. El hospital es una terminal, de un modo u otro, aunque las maletas no siempre están hechas. "Partir es siempre morir un poco". Ansia, recuerdo, ritmo nada asépticos.
Los gestos, acompasados por cardiógrafos y toses, por goteos en los tubos, suelen ser fáciles de interpretar. Se trata del verdadero aquí y ahora, amor, la mayoría lo sabe; lo presiente o lo teme. Un día a la vez, un respiro, una mirada. Una línea en la libreta manchada. Gestos. Un viejo aprieta los labios, la enfermera mira su reloj al revisar la bolsa de suero, el visitante deja en la cama Se está haciendo cada vez más tarde y aprieta la mano de ese otro ("yo estoy aquí sin que tú tengas necesidad de estar conmigo,/ ni de saberlo, porque tu órbita es única e irrepetible,/ y en cambio la mía es sincrónica consigo misma,/ y gira y gira hasta el infinito").
Ojalá así de fácil fuera adivinar qué significa el rostro del especialista que tarda unos segundos en dar su diagnóstico tras abrir el sobre. El azar es falta de tiempo para calcular las probabilidades.
Ojalá así de fácil fuera adivinar qué significa el rostro del especialista que tarda unos segundos en dar su diagnóstico tras abrir el sobre. El azar es falta de tiempo para calcular las probabilidades.
Lo finito. Y sus posibilidades. Quisiera seguir, soñando. Despertar, que todo fuera ficción.
Escrito está.
Tuyo siempre, pase lo que pase,
viernes, octubre 14, 2011
solo queda la muerte en las palabras - Dylan Thomas
"Cada día me pongo más oscuro. Me da ahora dolor físico escribir un poema. Siento que todos los músculos se me contraen cuando trato de arrancar de las palabras arremolinadas alrededor de mis eternas ideas sobre la importancia de la muerte en vida, algunas palabras que expliquen cómo el estrellado sistema de los muertos es visto, ordenado como en la sepultura del cielo, a lo largo de la órbita de un pie o de una flor. Pero cuando llegan las palabras tan a fondo fuera de sus asociaciones vivas, solo queda la muerte en las palabras. Y podría dar alaridos, con real dolor físico, cuando se ve desnuda sobre el papel una línea mía y parece tan incomprensible como una adivinanza en sánscrito. [...] Soy un caprichoso usador de palabras, no un poeta. Ésa es la verdad. Y sin autocompasión".
viernes, septiembre 23, 2011
mariposas en el estógamo
Señor, señorita: si siente que tiene lepidópteros en el tracto digestivo al ver al objeto de sus deseos, ya no recurra a la acupuntura, no es seguro que le atine a los inquietos insectos ni se verán tan bien como en una vitrina. Caballero, damita: use PoetaBismol © y haga papillon a la papillla y a la visconversa... hasta empezará a leer sin tantas nauseas los mensajes de texto y los "estados" de su prenda amada en el féisbuk.
PoetaBismol ©, para que haga de tripas corazón.
martes, agosto 30, 2011
caída
Otra vez sin bytes,
con algo de tinta para enfrentar a la noche
y al dolor.
No es cuerpo a cuerpo
pero es a dos de tres caídas
sin límite de tiempo.
Pero el tiempo se acaba...
¿Y si ya no me levanto?
¿Y si ya no la cuento?
Da igual:
todo me es ajeno.
Después de ti,
sin ti,
toda mi obra es póstuma.
con algo de tinta para enfrentar a la noche
y al dolor.
No es cuerpo a cuerpo
pero es a dos de tres caídas
sin límite de tiempo.
Pero el tiempo se acaba...
¿Y si ya no me levanto?
¿Y si ya no la cuento?
Da igual:
todo me es ajeno.
Después de ti,
sin ti,
toda mi obra es póstuma.
martes, abril 27, 2010
El dolor según Roth (2)
"Donde un médico piensa "todo termina mal, no hay nada que yo pueda hacer, se está muriendo y no puedo curar la vida", el buen escritor es incapaz de dejar a su personaje en manos de la muerte o de los narcóticos, en pleno sufrimiento. Como tampoco puede abandonar a un personaje a su propia suerte, diciendo que ese dolor se lo merece, porque se lo ha provocado él mismo. El escritor ha de estar al quite, no le queda más remedio, para extraerle sentido a esta incurable vida, para cartografiar los vericuetos del castigo ignoto, aun en el caso de que no haya sentido alguno que extraer de ninguna parte".
lunes, agosto 17, 2009
buffete (famosas últimas palabras)
A moi, ma chère amie!
(‘¡A mí, mi querida amiga!’)
Jean Paul Marat "
"Apaguen la luz"
Theodore Roosevelt
"¡Cara de poto!"
Vicente Huidobro, a la pintora Heriette Petit que lloraba en su lecho de muerte.
"Crito, le debo un gallo a Asclepio"
Sócrates, dirigiéndose a sus discípulos después de tomar la cicuta.
Das ist absurd! Das ist absurd!
(‘¡Es absurdo!... ¡Esto es absurdo!)
Sigmund Freud
"De verdad: ¿tengo pinta de marica?"
Rodolfo Valentino, a los médicos que lo atendían.
Es ist gar nichts, es ist gar nichts...(‘No es nada, no es nada...’)
Francisco Fernando, archiduque de Austria
"Es una pena irse, esto comienza a ponerse divertido"
Louis Gay-Lussac, químico y físico francés, a propósito de los nuevos descubrimientos científicos.
"¡Hay que meter la cortina de la ducha por dentro!"
Richard Hilton
Mè mou tous kuklous taratte
(Μη μου τους κύκλους τάραττε)
(‘¡No me toque los círculos!’)
Arquímedes (a un soldado que lo estaba forzando a reportarse ante el general)
"¿Me estoy muriendo o es mi cumpleaños?"
Nancy, Lady Astor, al ver a toda su familia reunida en torno a su lecho.
"No le dará ningún trabajo: tengo el cuello muy fino"
Ana Bolena, ex-esposa de Enrique VIII, antes de morir decapitada.
"No sé, es la primera vez que me ejecutan"
Maximiliano de Habsburgo (cuando estaba ante el pelotón otro condenado le preguntó: «¿Es esa la señal de la ejecución?»).
"No se preocupen, no alcanzarían a un elefante a esta distanc..."
John B. Sedgwick, cuando un oficial le advertía de la extraordinaria puntería de los francotiradores confederados durante la Guerra de Secesión.
"Ocho horas con fiebre, ¡me habría dado tiempo a escribir un libro!"
Honoré de Balzac
Please don't leave me. Please don't leave me
‘Por favor no te vayas, no me dejes’.
Chris Farley, a una prostituta después de un fin de semana de sexo y drogas.
"¡Qué pérdida irreparable!"
Augusto Comte
"Quiero dormir..."
George Bernard Shaw
"Vete... estoy bien"
H. G. Wells
Why not? After all, it belongs to Him!
(‘¿Por qué no? ¡Después de todo le pertenece a Él!’)
Charlie Chaplin. Una persona al lado de su cama le dijo: «Que Dios bendiga su alma»
(‘¡A mí, mi querida amiga!’)
Jean Paul Marat "
"Apaguen la luz"
Theodore Roosevelt
"¡Cara de poto!"
Vicente Huidobro, a la pintora Heriette Petit que lloraba en su lecho de muerte.
"Crito, le debo un gallo a Asclepio"
Sócrates, dirigiéndose a sus discípulos después de tomar la cicuta.
Das ist absurd! Das ist absurd!
(‘¡Es absurdo!... ¡Esto es absurdo!)
Sigmund Freud
"De verdad: ¿tengo pinta de marica?"
Rodolfo Valentino, a los médicos que lo atendían.
Es ist gar nichts, es ist gar nichts...(‘No es nada, no es nada...’)
Francisco Fernando, archiduque de Austria
"Es una pena irse, esto comienza a ponerse divertido"
Louis Gay-Lussac, químico y físico francés, a propósito de los nuevos descubrimientos científicos.
"¡Hay que meter la cortina de la ducha por dentro!"
Richard Hilton
Mè mou tous kuklous taratte
(Μη μου τους κύκλους τάραττε)
(‘¡No me toque los círculos!’)
Arquímedes (a un soldado que lo estaba forzando a reportarse ante el general)
"¿Me estoy muriendo o es mi cumpleaños?"
Nancy, Lady Astor, al ver a toda su familia reunida en torno a su lecho.
"No le dará ningún trabajo: tengo el cuello muy fino"
Ana Bolena, ex-esposa de Enrique VIII, antes de morir decapitada.
"No sé, es la primera vez que me ejecutan"
Maximiliano de Habsburgo (cuando estaba ante el pelotón otro condenado le preguntó: «¿Es esa la señal de la ejecución?»).
"No se preocupen, no alcanzarían a un elefante a esta distanc..."
John B. Sedgwick, cuando un oficial le advertía de la extraordinaria puntería de los francotiradores confederados durante la Guerra de Secesión.
"Ocho horas con fiebre, ¡me habría dado tiempo a escribir un libro!"
Honoré de Balzac
Please don't leave me. Please don't leave me
‘Por favor no te vayas, no me dejes’.
Chris Farley, a una prostituta después de un fin de semana de sexo y drogas.
"¡Qué pérdida irreparable!"
Augusto Comte
"Quiero dormir..."
George Bernard Shaw
"Vete... estoy bien"
H. G. Wells
Why not? After all, it belongs to Him!
(‘¿Por qué no? ¡Después de todo le pertenece a Él!’)
Charlie Chaplin. Una persona al lado de su cama le dijo: «Que Dios bendiga su alma»
domingo, julio 05, 2009
El dolor según Roth (1)
"Todo el mundo pretende hacer interesante el dolor: primero, las religiones, luego los poetas, luego, no nos olvidemos de ellos, incluso los médicos, interviniendo con su obsesión psicosomática. Todo el mundo quiere darle significado. ¿Qué significa este dolor? ¿Qué está usted ocultando? ¿Qué está exhibiendo? ¿Qué está traicionando? Es imposible limitarse a sufrir el dolor, también hay que sufrir su significado. Pero el caso es que no es interesante, ni tiene significado: es lisa y llanamente dolor, estúpido dolor, lo contrario de interesante, y nada, nada hay en él de valor, a no ser que el sujeto esté loco desde el principio".
Philip Roth, La lección de anatomía.
Philip Roth, La lección de anatomía.
jueves, septiembre 27, 2007
Nada tiene que ver el dolor con el dolor... - Enrique Lihn
Nada tiene que ver el dolor con el dolor
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda
Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus nuevos amantes
acicalada hasta la repugnancia, y los médicos
son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios
la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen
porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora
Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto
todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas
y éste no es más que otro modo de viciarlas
Quizá los médicos no sean más que sabios y la muerte -la niña
de sus ojos- un querido problema
la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere
su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar
Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa tramitación
Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener
ciertas formas como ahora en esta consulta
Quiero morir (de tal o cual manera) ese es ya un verbo descompuesto
y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable
mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa
zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser
cuando ya uno, qué alivio, está muerto,
olvidado ojalá previamente de sí mismo
esa cosa muerta que existe en el lenguaje y que es
su presupuesto
Invoco en la consulta al Dios
de la no mismidad, pero sabiendo que se trata
de otra ficción más
sobre la unión de Oriente y Occidente
de acápites, comentarios y prólogos
Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender
para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio
que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas
de una ciencia imposible e igualmente válida
un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos
que viviera una fracción de segundo a la manera del resplandor
y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia
del dolor que del placer, con una sonriente
desesperación, pero esto es ya decir
una mera obviedad con el apoyo
de una figura retórica
mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera de ese lenguaje desconocido
ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a interpretar
el lenguaje humano
Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna inasible forma
de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada uno
de los momentos que improntaron la memoria
con impresiones desaforadas
Cuando en la primera polución
-mucho más mística que la primera comunión- pensabas en Isabel
ella no era una persona sino su imagen el resplandor orgástico de esa creatura
que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente
en el tiempo de los demás
sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria
eso era la muerte y la muerte advino y devino
el click de la máquina de memorizar esa repugnante devoradora
acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte
el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento
la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor
escrito silenciosamente en el muro
o figuras obscenas untadas de vómito
tu vida que -otra palabra- se deslizó, sin haberse podido
engrupir en lo existente detenerse en lo Pasajero hundir el hocico
feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno
con el amor como con una piedra
la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo
de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada
porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando
del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas
tienes que reconstituir ese momento ahora que la dueña de la casa es la muerte
y no la otra, esa nada ese humo esa sombra
darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de Freud
que se besan a sí mismos
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda
Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus nuevos amantes
acicalada hasta la repugnancia, y los médicos
son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios
la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen
porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora
Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto
todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas
y éste no es más que otro modo de viciarlas
Quizá los médicos no sean más que sabios y la muerte -la niña
de sus ojos- un querido problema
la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere
su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar
Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa tramitación
Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener
ciertas formas como ahora en esta consulta
Quiero morir (de tal o cual manera) ese es ya un verbo descompuesto
y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable
mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa
zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser
cuando ya uno, qué alivio, está muerto,
olvidado ojalá previamente de sí mismo
esa cosa muerta que existe en el lenguaje y que es
su presupuesto
Invoco en la consulta al Dios
de la no mismidad, pero sabiendo que se trata
de otra ficción más
sobre la unión de Oriente y Occidente
de acápites, comentarios y prólogos
Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender
para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio
que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas
de una ciencia imposible e igualmente válida
un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos
que viviera una fracción de segundo a la manera del resplandor
y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia
del dolor que del placer, con una sonriente
desesperación, pero esto es ya decir
una mera obviedad con el apoyo
de una figura retórica
mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera de ese lenguaje desconocido
ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a interpretar
el lenguaje humano
Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna inasible forma
de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada uno
de los momentos que improntaron la memoria
con impresiones desaforadas
Cuando en la primera polución
-mucho más mística que la primera comunión- pensabas en Isabel
ella no era una persona sino su imagen el resplandor orgástico de esa creatura
que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente
en el tiempo de los demás
sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria
eso era la muerte y la muerte advino y devino
el click de la máquina de memorizar esa repugnante devoradora
acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte
el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento
la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor
escrito silenciosamente en el muro
o figuras obscenas untadas de vómito
tu vida que -otra palabra- se deslizó, sin haberse podido
engrupir en lo existente detenerse en lo Pasajero hundir el hocico
feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno
con el amor como con una piedra
la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo
de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada
porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando
del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas
tienes que reconstituir ese momento ahora que la dueña de la casa es la muerte
y no la otra, esa nada ese humo esa sombra
darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de Freud
que se besan a sí mismos
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