El hombre es siempre
el constructor de una cárcel.
Y no se conoce a un hombre
hasta saber qué cárcel ha construido.
Algunas veces parece sólo la propia,
pero siempre es también la de otros.
Y no le basta con construir la prisión:
aporta también el carcelero.
Lo único que el hombre no pone
es el material para hacer la prisión,
porque sobra en todas partes.
Pero hay otra cosa
que no sabemos quién la pone:
el combustible para el incendio.
Porque si todo hombre es la historia de sus cárceles,
la lamentable historia de un ex presidiario
que vuelve a su prisión
o inaugura otra,
a veces es también la historia de quemarse
al incendiar la mayor de sus prisiones.
O ni siquiera la mayor:
la que estaba en el límite.
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domingo, agosto 28, 2022
domingo, marzo 21, 2021
Toda palabra llama a otra palabra - Roberto Juarroz
Toda palabra llama a otra palabra.
Toda palabra es un imán verbal,
un polo de atracción variable
que inaugura siempre nuevas constelaciones.
Una palabra es todo el lenguaje,
pero es también la fundación
de todas las transgresiones del lenguaje,
la base donde se afirma siempre un antilenguaje.
Una palabra es todavía el hombre.
Dos palabras son ya el abismo.
Una palabra puede abrir una puerta.
Dos palabras la borran.
Toda palabra es un imán verbal,
un polo de atracción variable
que inaugura siempre nuevas constelaciones.
Una palabra es todo el lenguaje,
pero es también la fundación
de todas las transgresiones del lenguaje,
la base donde se afirma siempre un antilenguaje.
Una palabra es todavía el hombre.
Dos palabras son ya el abismo.
Una palabra puede abrir una puerta.
Dos palabras la borran.
martes, octubre 06, 2020
El universo se investiga a sí mismo - Roberto Juarroz
El universo se investiga a sí mismo.
Y la vida es la forma
que emplea el universo
para su investigación.
La flecha se da vuelta
y se clava en sí misma.
Y el hombre es la punta de la flecha.
El hombre se clava en el hombre,
pero el blanco de la flecha no es el hombre.
Un laberinto
sólo se encuentra
en otro laberinto.
lunes, marzo 23, 2020
Las distancias no miden lo mismo - Roberto Juarroz
Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.
lunes, diciembre 04, 2017
Nada - Roberto Juarroz
34
Escribir un poema sobre nada
donde puedan flotar todas las transparencias,
lo que no conoció nunca la condena del ser,
lo que ya la abandonó,
lo que está por empezar
y tal vez nunca empiece.
Y escribirlo con nada o casi nada,
con la sombra de las palabras,
los espacios olvidados,
un ritmo que apenas se destaca del silencio
y un silencio acotado en un punto
por detrás de la vida.
Un poema sobre nada y con nada.
Quizá todos los poemas,
pasados, futuros o imposibles,
puedan caber en él,
por lo menos un instante cada uno
como su descansaran en su forma,
en su forma o su nada.
Escribir un poema sobre nada
donde puedan flotar todas las transparencias,
lo que no conoció nunca la condena del ser,
lo que ya la abandonó,
lo que está por empezar
y tal vez nunca empiece.
Y escribirlo con nada o casi nada,
con la sombra de las palabras,
los espacios olvidados,
un ritmo que apenas se destaca del silencio
y un silencio acotado en un punto
por detrás de la vida.
Un poema sobre nada y con nada.
Quizá todos los poemas,
pasados, futuros o imposibles,
puedan caber en él,
por lo menos un instante cada uno
como su descansaran en su forma,
en su forma o su nada.
martes, noviembre 28, 2017
El ser es escritura - Roberto Juarroz
32
El poema continuo,
la escritura continua,
el texto que nunca se termina
y nunca se interrumpe,
el texto equivalente a ser.
La vida se convierte
en una forma de escritura
y cada cosa es una letra,
un signo de puntuación,
la inflexión de una frase.
Inaugural metabolismo
de una filología
que ha descubierto un nuevo verbo:
el verbo siempre.
La poesía se escribe siempre,
vivir se vive siempre,
algo despierta siempre:
poema-siempre.
El ser es escritura.
Y una palabra es suficiente
para toda la acción:
siempre.El otro verbo,
nunca,
es tan sólo su sombra.
El poema continuo,
la escritura continua,
el texto que nunca se termina
y nunca se interrumpe,
el texto equivalente a ser.
La vida se convierte
en una forma de escritura
y cada cosa es una letra,
un signo de puntuación,
la inflexión de una frase.
Inaugural metabolismo
de una filología
que ha descubierto un nuevo verbo:
el verbo siempre.
La poesía se escribe siempre,
vivir se vive siempre,
algo despierta siempre:
poema-siempre.
El ser es escritura.
Y una palabra es suficiente
para toda la acción:
siempre.El otro verbo,
nunca,
es tan sólo su sombra.
jueves, agosto 21, 2014
Hay palabras que sólo pueden decirse - Roberto Juarroz
Hay palabras que sólo pueden decirse
en algunos lenguajes.
En los demás hay que dejar sus huecos
para que los ocupen los reflejos del azar.
¿Habrá alguna palabra
que no pueda decirse en ningún lenguaje?
¿Qué reflejo vendrá a ocupar su hueco?
¿Será suficiente ese reflejo
para fundar el lenguaje que falta?
Paralelo a las palabras de un lenguaje
hay otro lenguaje de los reflejos detenidos
en los huecos de las palabras que faltan.
No sería raro que ocurriese lo mismo
paralelamente a los lenguajes
y las palabras que no existen.
en algunos lenguajes.
En los demás hay que dejar sus huecos
para que los ocupen los reflejos del azar.
¿Habrá alguna palabra
que no pueda decirse en ningún lenguaje?
¿Qué reflejo vendrá a ocupar su hueco?
¿Será suficiente ese reflejo
para fundar el lenguaje que falta?
Paralelo a las palabras de un lenguaje
hay otro lenguaje de los reflejos detenidos
en los huecos de las palabras que faltan.
No sería raro que ocurriese lo mismo
paralelamente a los lenguajes
y las palabras que no existen.
lunes, diciembre 20, 2010
Algún día encontraré una palabra... - Roberto Juarroz
Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.
Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se detendrá ni cuando mueras.
(Más en amediavoz)
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.
Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se detendrá ni cuando mueras.
(Más en amediavoz)
viernes, agosto 29, 2008
De Roberto Juarroz
"Si uno no se detiene es imposible penetrar en el poema, detenimiento del universo. En uno de mis libros cito una anécdota que me gusta mucho: se trata de un koan, es decir una historia Zen, de Basho. Un día este monje budista, dirigiéndose a sus discípulos, de pronto les dice: "He estado hablando del Zen durante toda mi vida, y aún no sé en qué consiste". Entonces, uno de sus escuchas le pregunta: "Pero, maestro, ¿cómo puedes hablar de aquello que no entiendes?" Y Basho responde: "¿Es que también tengo que explicarte eso?"
"Además de maestro Zen, Basho era un poeta: algunos de los más hermosos haikús que se han escrito proceden de su pluma (Octavio Paz ha traducido uno de los escritos de Basho, Senderos de Oku). Vivía el Zen durante cada una de sus jornadas, la poesía era indivisible de su cotidianidad. Así, no necesitaba entender nada: vivir es mucho más que entender.
"Alguna vez publiqué un poema que causó enorme revuelo. Apareció ni más ni menos que en La Nación, uno de los diarios más leídos en la Argentina. La linea final de ese poema dice:
"Fue un escándalo. ¿Cómo va a entrarle eso en la cabeza a los profesores, los filósofos, los pensadores, esos hombres entre comillas? En la lectura de la poesía hay que descubrirlo todo, y para eso hay que detenerse. Ver de nuevo lo que es la lectura consuetudinaria, tradicional. Los poetas dicen las cosas más penetrantes, por eso aquí nos hemos referido tan frecuentemente a ellos. Pedro Salinas, en un muy grato libro llamado Defensa de la lectura (a veces también conocido como El defensor) llega a una idea que viene muy al caso: no funciona ninguno de los métodos modernos de lectura, "rápida", "en diagonal", "en síntesis". (Con ello el poeta español se acerca a un libro francés muy leído en su tiempo: El arte de leer.) Al individuo citadino que lee todo a la ligera, al que mezcla la lectura con las imágenes y el ruido de la televisión, al que no se detiene nunca, Pedro Salinas lo llama "leedor". Es menester, dice, convertirlo en lector. Y aún más, porque ese proceso no termina ahí: luego de ello hay que transformar al lector en actor. Esto equivale al momento en que se reproduce en el lector el proceso del creador; hace poco lo he llamado recreación: eso que sucede en quien lee debe ser como si fuera él mismo quien realiza la obra. Este matiz es esencial.
"Todos lo hemos experimentado: cuando hay algo que realmente nos fascina a fondo, olvidamos quién lo hizo y es como si uno mismo lo realizara. Una lectura que va inventando la línea siguiente, y que después de terminar el poema sigue inventando líneas".
(en Jornal de Poesía)
"Además de maestro Zen, Basho era un poeta: algunos de los más hermosos haikús que se han escrito proceden de su pluma (Octavio Paz ha traducido uno de los escritos de Basho, Senderos de Oku). Vivía el Zen durante cada una de sus jornadas, la poesía era indivisible de su cotidianidad. Así, no necesitaba entender nada: vivir es mucho más que entender.
"Alguna vez publiqué un poema que causó enorme revuelo. Apareció ni más ni menos que en La Nación, uno de los diarios más leídos en la Argentina. La linea final de ese poema dice:
Ser no es comprender.
"Fue un escándalo. ¿Cómo va a entrarle eso en la cabeza a los profesores, los filósofos, los pensadores, esos hombres entre comillas? En la lectura de la poesía hay que descubrirlo todo, y para eso hay que detenerse. Ver de nuevo lo que es la lectura consuetudinaria, tradicional. Los poetas dicen las cosas más penetrantes, por eso aquí nos hemos referido tan frecuentemente a ellos. Pedro Salinas, en un muy grato libro llamado Defensa de la lectura (a veces también conocido como El defensor) llega a una idea que viene muy al caso: no funciona ninguno de los métodos modernos de lectura, "rápida", "en diagonal", "en síntesis". (Con ello el poeta español se acerca a un libro francés muy leído en su tiempo: El arte de leer.) Al individuo citadino que lee todo a la ligera, al que mezcla la lectura con las imágenes y el ruido de la televisión, al que no se detiene nunca, Pedro Salinas lo llama "leedor". Es menester, dice, convertirlo en lector. Y aún más, porque ese proceso no termina ahí: luego de ello hay que transformar al lector en actor. Esto equivale al momento en que se reproduce en el lector el proceso del creador; hace poco lo he llamado recreación: eso que sucede en quien lee debe ser como si fuera él mismo quien realiza la obra. Este matiz es esencial.
"Todos lo hemos experimentado: cuando hay algo que realmente nos fascina a fondo, olvidamos quién lo hizo y es como si uno mismo lo realizara. Una lectura que va inventando la línea siguiente, y que después de terminar el poema sigue inventando líneas".
(en Jornal de Poesía)
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