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viernes, diciembre 12, 2025
lunes, diciembre 14, 2020
Óscar Wong (1948-2020)
Estertor Inútil
Garganta herida, montaña devastada,
tránsfuga de mí, me descubro contemplando
la luz que camina sobre el agua.
Con el ojo derecho lagrimeo,
con el izquierdo sonrío tontamente.
Sol, deslumbro;
río, me tiendo en el regazo del verano.
Este es mi tiempo: por eso vibro, pestaña atónita,
ante la belleza de la mujer que anhelo.
Me reencuentro en el aire y me instalo
en el fondo de mí mismo:
soy árbol incendiando de amarillo el horizonte,
luz moviéndose con rapidez ante el azoro de la noche.
He vuelto a mí, me digo.
He vuelto como desgarradura, puñado de hojas secas,
rama tronchada.
Raíces aferrándose a la roca son mis dedos.
Mis manos golpean los restos del estío.
Mis ojos brillan, despiden fulgores asesinos.
Marchita la esperanza, lo que rige es el ahora.
Certero
soy un caudal candente,
gruñido cimbrando las paredes del espanto.
Soy fauces desgarrando los músculos del día,
barrito,
estridulo entre las raíces y la hierba,
husmeo el aire que trepida ante el acecho.
De un salto me instalo en esta rama,
chillo cuando el peligro retumba, zumba y zigzaguea.
Con un estruendo de hojas y crujidos caigo.
Con mis amigos hago un recuento del viaje:
las canas, muescas que el otoño puso
en los cabellos de todos. Los vientres abultados,
hijos que se desparraman por la vida con el sello indeleble
de nos-otros. Aquel pasea su bonanza y alegría. El de allá
su desventura. Otros cabalgan en pos de un espejismo.
Los que callan regurgitan su dolor: un hijo extraviado
en los márgenes del alba; una mujer flotando
en el sollozo, transformando en cenizas las espumas del día.
Pero todos son cada vez más en lo menos de lo que pervive.
Digo que no tengo Amor, ni una mujer que aguarde
ansiosa mi regreso.
Me levanto con la aurora a continuar mi extravío.
Soy un fragmento de mí, un tajo agónico,
un muñón tembloroso que salta al golpe de machete,
un estertor inútil. Soy un puñado de sal restregando la herida,
el zumo de un limón cayendo en el ojo del mundo.
Digo que soy, pero no soy.
Ni siquiera un graznido, paloma surcando
la ribera, gaviota posada en el mástil del navío.
Una brizna de luz, gota de sal enardecida.
Digo que soy. Tal vez el asombro en la pupila
del primer hombre asomándose en el río,
el aullido triunfal tras la primer lanzada,
la primera sangre a borbotones.
Digo que soy el arroyo mitigando la sed del caminante
y el fuego cobijando la primer pareja
que gime y se revuelca en la hojarasca.
Digo que soy, pero el Recuerdo se enfrenta a los recuerdos,
con una mueca escupe su ironía.
(Esta mañana fue una aguja pinchando a la esperanza;
ayer, llamarada consumiendo a la lujuria.
La tarde parece una tierra yerma, un paraje severo,
un terrón de arcilla desmoronándose.)
Digo que soy.
Y la impotencia desgarra la garganta.
viernes, marzo 31, 2017
Vivo, eso sucede - Juan Bañuelos (1932-2017)
Quiero aclarar mi voz y encabronarme
Después de tanta furia y tanta pena.
Quiero decir la humanidad
Doliéndole el planeta
Y preguntar por mí, por los demás primero,
En dónde están, a dónde van,
Cual es el viento que los quema.
Vestirme de vivir,
de ese resto de piel con que se cubre el mundo;
Morder la tierra,
Quedarme prisionero
Haciendo de mí mismo fiera
de estos ojos, oídos, pies, manos y boca.
Quiero decir el alba que empieza con los cuervos Acechando las puertas,
Quiero decir el solo torturado y lejano
Delirando en la hierba;
Subir al árbol
y sacudir sus ramas,
Enrojecer mi grito hasta la piedra
Y con el verso al rojo vivo
Quemar el odio y la tristeza.
Largo a largo me estiro, me preparo a vivir
Como si no existiese la muerte (la muerte es
Un gusano de seda que se encierra).
Quiero decir el agua, el universo, el viento
Que no mueve dos veces la misma rama, amigos.
Éste es un corazón que late. Es cosa seria.
Vivo,
eso sucede:
¡vivo!
Y este grito desata una tormenta.
Después de tanta furia y tanta pena.
Quiero decir la humanidad
Doliéndole el planeta
Y preguntar por mí, por los demás primero,
En dónde están, a dónde van,
Cual es el viento que los quema.
Vestirme de vivir,
de ese resto de piel con que se cubre el mundo;
Morder la tierra,
Quedarme prisionero
Haciendo de mí mismo fiera
de estos ojos, oídos, pies, manos y boca.
Quiero decir el alba que empieza con los cuervos Acechando las puertas,
Quiero decir el solo torturado y lejano
Delirando en la hierba;
Subir al árbol
y sacudir sus ramas,
Enrojecer mi grito hasta la piedra
Y con el verso al rojo vivo
Quemar el odio y la tristeza.
Largo a largo me estiro, me preparo a vivir
Como si no existiese la muerte (la muerte es
Un gusano de seda que se encierra).
Quiero decir el agua, el universo, el viento
Que no mueve dos veces la misma rama, amigos.
Éste es un corazón que late. Es cosa seria.
Vivo,
eso sucede:
¡vivo!
Y este grito desata una tormenta.
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