Me piden que les hable de esperanza,
a mí que vivo con el corazón acelerado,
que he perdido la fe en la bondad del hombre
y me desangro con el miedo en la piel tatuado.
Me piden que les hable de esperanza,
mientras camino sin respirar y sin aliento
sobrevivo, con prisas y entumido
vuelo en mi delirio temblando todo el tiempo.
Me piden que les hable de esperanza
mientras veo a la muerte abruptamente
guiñarme un ojo y sonreír
arrancando de mí lo que más amo.
Me piden que les hable de esperanza,
a mí que busco incansable a un ser querido
que un día salió por una vida mejor,
y nos dejó rotos, en rompecabezas convertidos.
Me piden que les hable de esperanza
mientras aún gritamos: ¡vivas nos queremos!
Sin lágrimas que laven el dolor de la injusticia,
ni brazos solidarios que detengan atropellos.
Me piden que les hable de esperanza
sin poder garantizar que hoy vuelva a casa,
sin saber si habrá qué comer al rato,
o si mañana estaremos todos muertos.
Me piden que les hable de esperanza,
que sonría ante promesas irrisorias,
que crea en que a pesar de nosotros
hay posibilidad de una existencia sin memoria.
Me piden que les hable de esperanza
con ojos y brazos levantados hacia el cielo
rogando que la realidad que hoy nos ofrecen
nos permita deshacernos de este infierno.
Me piden que hable de esperanza,
pero el dolor va conmigo paso a paso,
se me aparece en todos los caminos
donde los niños mueren de hambre, violentados.
Piden que me olvide del dolor de la desgracia
y el desgarramiento de la carne de los míos,
porque mexicanos somos uno y somos todos
sin esa consciencia seguimos consumidos.
Me piden que les hable de esperanza
y sé que hay palabras peligrosas como balas:
amor, vida, libertad, justicia,
honestidad, respeto y tolerancia.
Me piden que les hable de esperanza,
y miro a mi gente sufrir en este sitio.
Ruedan lágrimas de un torrente sobrehumano.
Soy México y me desangro malherido…
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© 2018 D. R. Paloma Cuevas R.
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