Los peligros que más tememos son inmediatos: comprensiblemente, también deseamos que los remedios sean inminentes, "soluciones rápidas", que proporcionen alivio al momento, como analgésicos listos para llevar. Aunque las raíces del peligro puedan ser enrevesadas y complicadas, deseamos que nuestras defensas sean simples y estén preparadas para ser usadas aquí y ahora. Nos enfada cualquier solución que no prometa efectos rápidos y fáciles de alcanzar, y que, en cambio, precise de mucho tiempo antes de que puedan apreciarse sus resultados. Más aún, nos molestan las soluciones que requieren que prestemos atención a nuestros propios defectos y faltas, y que nos instan —al más puro estilo socrático— a "conocernos a nosotros mismos". Y aborrecemos por completo la idea de que, en ese sentido, son pocas o nulas las diferencias entre nosotros, los hijos de la luz, y ellos, la camada de la oscuridad.
Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores
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