Por compartir, ya no está. No tenía un nombre, era El Cotorro. Dejó que entraran unas palomas mugrosas a su jaula, dejó que tomaran su comida sin resistencia, y hoy su voz ya no se oye. 35 años, toda la vida escuchando mis pendejadas, un eco íntimo, el silbido amistoso cuando le contaba mis problemas.sábado, octubre 24, 2009
ausencia
Por compartir, ya no está. No tenía un nombre, era El Cotorro. Dejó que entraran unas palomas mugrosas a su jaula, dejó que tomaran su comida sin resistencia, y hoy su voz ya no se oye. 35 años, toda la vida escuchando mis pendejadas, un eco íntimo, el silbido amistoso cuando le contaba mis problemas.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario