En la noche del 10 al 11 de noviembre de 1810, con el capitán Joaquín Sevilla y Olmedo, Fernando Zamarripa fue de los "rescatadores" de Luis Herrera, quien estaba preso en en el convento del Carmen, bajo el cargo de conspirador (era enviado de Miguel Hidalgo. aunque en SLP no lo pelaron mucho, que digamos). Esa misma noche Zamarripa confesó a los caudillos potosinos por si acaso morían en la pelea. Fue asimismo amigo y compañero de batallas de Juan de Villerías, el alferez Nicolás Zapata y Francisco Lanzagorta.
De la narración de Nereo Rodríguez Barragán destaca la respuesta de Fernando Zamarripa a quienes lo juzgaron: "Siento en mi alma no haber sido tan grande en la guerra como el señor Hidalgo, para que se me hubiera degradado y cortado la cabeza. Iré a morir muy lejos de mi tierra, sin poder ayudar más a mis compañeros..." El religioso fue condenado a diez años de presidio en San Juan de Ulúa, y de él "nunca más se supo nada".
Transcribo aquí el último párrafo del artículo (1939) de Rodríguez Barragán sobre el independentista, y trataremos de ir publicando algunas notas más sobre los nombres de calles y de quienes les dieron origen.
A la hora bendita de las recompensas, consumada la Independencia, cuando todos pretenden haber salvado a la Patria, expuesto su vida y gastado sus caudales, no se presentó Zamarripa. Tal vez murió en la prisión, y una calle sórdida, que va a perderse en el polvo del camino, es todo lo que recuerda al héroe, honrándose con su nombre.Calle sórdida...
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ResponderEliminar¿Qué tan halagüeño puede resultarle a un héroe potosino o nacional darle su nombre a una calle? Claro que no podemos saberlo, quizá le agrade, pero con lo que creo sentiría decepción (si los muertos tuvieran ego):ser nombrado a diario por lo menos por el cartero y ser anónimo al mismo tiempo.
ResponderEliminarGracias por daros a saber sobre Zamarripa.