En cuanto arrancó el último pétalo el enamorado se cimbró ante la carcajada de la margarita. Si serás pendejo, le dijo la flor, aún agitada por el ataque de risa. En primer lugar, no haces la pregunta adecuada. En segundo lugar, no deberías condicionarte a dos respuestas, sino abrir tu mente, nunca son sólo dos caminos. Y en tercer lugar, inútil, ¿quién diablos les dijo a los humanos que las margaritas estamos para resolverles sus dudas de amor? Por una estúpida costumbre ni siquiera saben a cuál flor preguntarle.
Buen texto. Cierto, por qué extraña razón confiamos a una flor cuestiones de amor. Y ¿sólo dos respuestas posibles?
ResponderEliminarUn abrazo.
Buenos días profe:
ResponderEliminarJa ja, qué buena está la regañada de la margarita. Allá en mi pueblo se comenzaba a preguntarle así: "me quiere, mucho, poco o nada, para novia, para esposa, para pura vacilada".
Saludos. Blanca